jueves 06 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Justicia lenta

La habilidad de algunos abogados hoy, es encontrar las miles de patrañas que le permite el código del proceso para demorar la justicia y lograr el vencimiento de términos
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Columna de
Alvaro Ordoñez

La oportunidad es una de las características más importantes de la calidad, en múltiples ocasiones algo bueno a destiempo es intrascendente, esa es la gran razón por la cual la justicia en Colombia da la impresión de ineficiencia, carece de oportunidad y por lo tanto no genera ni el temor en el delincuente, ni la esperanza en el ciudadano y lógicamente no merece el respeto de ninguno.

No hay nada mas largo que un proceso judicial de cualquier tipo en Colombia, se dice que la justicia es lenta pero llega, pero su exceso de lentitud da demasiadas oportunidades al ladrón, al criminal, a los poderes dominantes y deja generalmente en indefensión al ciudadano normal.

La habilidad de algunos abogados hoy, es encontrar las miles de patrañas que le permite el código del proceso para demorar la justicia y lograr el vencimiento de términos, de esta manera se libera a los corruptos, se presiona a los inocentes y se coaccionan a las personas para que acepten arreglos o responsabilidades con el fin de solucionar diferentes situaciones de manera extrajudicial, la ausencia de una justicia oportuna no solo se convierte en alcahuetería sino en el principal aliado de los corruptos.

Miles de miles de millones nos cuesta a los contribuyentes el aparato judicial y permanentemente escuchamos de proyectos que pretenden descongestionar la justicia, para ello se habla de los procesos verbales, de la ley de pequeñas causas, volver a crear el ministerio de justicia, del incremento de personal de la rama judicial, la Fiscalía etc. Pero la realidad es que para definir si alguien es culpable de un accidente de tránsito, o si tiene un derecho laboral no reconocido, o si el recurso contra un embargo preventivo es viable, pasan meses y nadie define. Los términos son eternos y a los juzgados nadie les mide su eficiencia por los tiempos, ni por sus sentencias acertadas.

Nuestra justicia en el deseo de garantizar los derechos de los infractores, termina por acabar con el derecho de la sociedad, en medio de la impotencia del ciudadano. El gobierno y el congreso deben acoger el propósito de realizar las reformas que logren su efectividad .

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