jueves 17 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Juventud y política

El voto de opinión es el más difícil de obtener, los jóvenes de Colombia lo saben, por lo tanto es el que más se debe honrar.
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Columna de
Alvaro Ordoñez

El desastroso manejo de los partidos, la corruptela permanente de la clase política y el enriquecimiento descarado lograron producir en el mejor de los casos desinterés y rechazo en la juventud colombiana; solamente los delfines y un cúmulo de personajes realmente extraños llegaron a alimentar el vulgar negocio electoral en que se volvió el ejercicio de una profesión que por su naturaleza debería ser desarrollada con un comportamiento impoluto, culto y basado en el servicio al pueblo elector.

Por fortuna, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Hoy esa misma situación ha logrado empezar a despertar un nuevo interés en jóvenes que, preparados y dispuestos a dar la lucha, se lanzan a competir en la carrera política, mamados de que nos roben y nos engañen, como dice Alejandro Villanueva, joven figura candidato a la Asamblea. En buena hora personas como él, como Carlos Parra, como Mayerly Medina, deciden salir de su burbuja, de su zona de confort, para asumir con responsabilidad y valor la recuperación moral del país político; ellos son verdaderas opciones que deberían motivar a la juventud a votar.

Es muy importante que lleguen, que no cambien, que sigan siendo rebeldes, fieles a sus principios y que no se dejen corromper ni por esa clase política que hoy rechazan ni por las mieles del poder ni por los supuestos amigos que los buscarán para obtener ventajas o favores.

El voto de opinión es el más difícil de obtener, los jóvenes de Colombia lo saben, por lo tanto es el que más se debe honrar. Bucaramanga en su historia ha tenido grandes decepciones, recuerdo como hace unos años Cote logró el favor popular en contra de la clase política y terminó en un contertulio politiquero que la ciudad y los electores castigaron en las urnas con grandes derrotas posteriores, ese voto de opinión no perdona la traición a los valores y convicciones.

Los jóvenes tienen una buena razón para salir a votar, están mamados del abuso y la injusticia, tienen excelentes candidatos y la gran oportunidad de demostrar que en Santander doscientos años después iniciaremos la nueva revolución, la revolución de la decencia.

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