jueves 03 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Los tibios

Así enardeciendo masas en pro de la apertura y el perdón para unos y el castigo sin cuartel para otros nos siguen entreteniendo mientras unos y otros se reparten el botín, masacran al pueblo, siembran el país de droga, se reparten la burocracia y claman por las reformas que ellos deberían haber realizado.
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Columna de
Alvaro Ordoñez

La capacidad de discernir en temas de actualidad, de política o de ideología tiende a desaparecer más rápidamente de lo que se aplana la curva de la trasnochada estadística de la pandemia. Ya no hay argumentos que valgan ni razonamientos dignos de ser escuchados. O se está con alguien o se está en contra de alguien. Lo que dicen unos y otros son verdades únicas y dogmas de fe, o eres de derecha y por lo tanto un incondicional hitleriano o eres de izquierda y en consecuencia un mamerto.

Triste realidad en un país donde la mayoría de los políticos convirtieron este espacio en un modelo de enriquecimiento rápido a costa de un pueblo que se deja meter en la más absurda polarización y en donde ante la denuncia a alguno, la respuesta es que el otro también roba o estafa o engaña. La respuesta debería ser la honestidad, la exigencia del respeto por el buen nombre y la absoluta trasparencia en todas y cada una de las actuaciones de los líderes gobernantes, jueces, empresarios y ciudadanos en general.

Ahora cuando alguien quiere renunciar a esa discusión buscando evidencias técnicas o argumentos sustentados en datos verificables o hechos incluso irrefutables sin la sombrilla de algún prohombre lo fácil es la calificación personal, “tibios” dicen los librepensadores castrochavistas o los disciplinados republicanos, como enemigo acérrimo del medio ambiente te declararán los muy preparados y estudiosos ambientalistas o retrógrado explotador del pueblo te llamarán los consagrados líderes sindicales.

Así enardeciendo masas en pro de la apertura y el perdón para unos y el castigo sin cuartel para otros nos siguen entreteniendo mientras unos y otros se reparten el botín, masacran al pueblo, siembran el país de droga, se reparten la burocracia y claman por las reformas que ellos deberían haber realizado.

Por supuesto que no solo basta estar libre de pasiones malsanas y odios, el pueblo debe elegir sus gobernantes lejos de tantos vicios y engaños con la certeza de que nadie se enriquece de la noche a la mañana ni que existe el bienestar sin esfuerzo y sacrificio, sabiendo que en cada uno de nosotros está la responsabilidad de nuestro futuro.

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