miércoles 13 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

¿Se apagan los vehículos eléctricos?

el camino hacia la rentabilidad es cada vez más incierto...
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Después del internet y la telefonía celular, la locomoción eléctrica se erige como el cambio tecnológico de mayor impacto para la aldea global ciudadana. El sector automotriz, presionado por regulaciones ambientales cada vez más estrictas a nivel mundial, le apuesta su supervivencia a los vehículos eléctricos. Sin embargo, el camino hacia la rentabilidad es cada vez más incierto. Las inversiones en electrificación para los próximos cinco años ascienden a 225.000 millones de dólares, cifra similar al presupuesto total en Investigación & Desarrollo de otras tecnologías, que por definición, se han relegado a segundo plano.

En criterio de la firma de consultoría alemana con sede en Munich, AlixPartners, “será muy difícil para muchos fabricantes demostrar que los autos eléctricos pueden, por sí solos, ser rentables”, industria que se encuentra actualmente en un “desierto de ganancias”. Las ventas de estos vehículos son bajas comparadas con el total de la industria automotriz, mientras que los costos de lanzamiento son un auténtico pozo sin fondo. A finales del año pasado, existían tan solo 60 modelos eléctricos en el mercado mundial, los cuales podrían crecer a 170 en el 2020 y a 330 en el 2025. En consecuencia, según un informe del Citi, las matrículas de carros eléctricos podrían aumentar gradualmente del 1 por ciento actual al 5 por ciento en el 2025 y al 10 por ciento en el 2030.

Algunos analistas ven un escenario de tormenta perfecta y de impacto darwiniano, que les podría impedir a los grandes y aristocráticos fabricantes de automóviles superar este “desierto de beneficios”, generado por los abultados costos de desarrollo, manufactura y comercialización, que se traducen en un sobrecosto del 53 por ciento respecto de los vehículos de combustible fósil.

Como es natural, estos elementos se traducen en precios más elevados, que son el factor determinante en la mente de los consumidores a la hora de comprar un carro nuevo.

El otro asunto que pesa adversamente en las decisiones finales de compra son los elevados costos y la enorme dispersión de las redes de puestos de recarga.

¡Amanecerá y veremos!

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