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Andrés Mejía
Domingo 23 de diciembre de 2012 - 12:00 AM

A punta de buenas intenciones, conceptos y arengas…

Publicado por: Andrés Mejía

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Con la implementación de su “nuevo esquema” de recolección de basuras, Gustavo Petro estableció una contundente lección universal en materia de cómo concebir, diseñar y ejecutar políticas públicas.

El primer día de la implementación del “nuevo esquema”, Bogotá exhibía un panorama ruinoso, con basuras acumuladas en las calles y las esquinas. Fue evidente para todos que el “nuevo esquema” de Petro ni siquiera pudo planificar su propia entrada en operación: sus operarios y vehículos salieron ya bien entrada la mañana: durante horas se habían acumulado las basuras, y el

“nuevo esquema”, lleno de deficiencias estructurales que emergerían durante el día, arrancó de la peor manera: con un déficit.
Respondió Petro de un modo que lo hizo quedar muy mal: culpó a los operadores privados por haber detenido la recolección a las 22:00; ellos probaron que la administración les había ordenado llevar todo al distante relleno antes de las 23:59. Petro sugirió conspiración en todos quienes lo estaban criticando en medios y redes sociales: algo ridículo dada la cantidad y variedad.

Pasaban los días. Había basuras por todos lados. Los vehículos de Petro resultaron ser simples volquetas, máquinas nada aptas para esta tarea: yo mismo vi una de ellas: los trabajadores hacían piruetas para lograr meter la basura a la volqueta; por los lados caían restos y el olor era insoportable.

Se vio luego obligado el Alcalde a negociar con los operadores privados, a quienes antes había dispensado los peores calificativos. Como si fuera poco, un operario de volqueta sufrió un accidente: descrédito mayor para un modelo que prometía “trabajo decente”.

¿Cuál es la lección que sin quererlo nos da Petro? Que para la concepción y ejecución de políticas no bastan las buenas intenciones y las arengas: la buena gerencia es indispensable. Durante meses se preguntó al Alcalde y a sus funcionarios cómo operaría su “nuevo esquema”. Jamás respondieron. Era claro que no habían preparado la logística, los recursos, los vehículos, los cronogramas, las rutas y todo lo necesario para organizar el servicio.

Sus respuestas siempre se limitaban a enunciar principios y buenas intenciones. Incluso se detenían largos minutos en asuntos de terminología (“residuo” en vez de basura). Es increíble tanta ingenuidad; es impensable tanta ineptitud, pero es verdad: parece haber creído Petro que eso bastaba para organizar tan complejo asunto. Hoy, gracias a este profundo error, una ciudad de 7 millones de habitantes retrocedió décadas en la prestación de un servicio esencial. Y aún no llega la solución.

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