viernes 17 de mayo de 2019 - 12:00 AM

El país de la barbacha

miles de actividades que se transan con una pregunta: ¿Se lo cotizo con o sin IVA?

Por estos días ha circulado en las redes sociales de España un rumor que en cuestión de horas corrió como espuma por toda la península: la agencia Tributaria -o la Dian- de ese país estaría investigando a aquellas parejas que se han casado y en su tarjeta de invitación han planteado la muy conocida “lluvia de sobres”, como opción de regalo o presente de los invitados para los novios. Como es obvio, la noticia no ha pasado de ser un “bulo” de aquellos que pululan en internet, y que rápidamente ha sido desmentido por las autoridades españolas, quienes de todas maneras han aclarado que en efecto este tipo de regalos son interpretados para efectos fiscales como una donación que debería ser declarada por las parejas.

Sin embargo la autoridad es consciente de que nadie lo hace, y en ese sentido sería absurdo perseguir a todos y cada uno de los contrayentes del país, para esculcarles en sus sobres el monto percibido con fines tributarios; ¡ridículo! A quienes sí persigue el fisco español es a las empresas encargadas de llevar a cabo la celebración de dichos enlaces matrimoniales, esto es la gente encargada del catering, los músicos, la decoración etc, etc, los cuales, según la agencia, constantemente acuerdan pagos “en negro” con sus clientes, en una especie de concierto para delinquir en el que unos y otros se prestan para defraudar al fisco. En Colombia sabemos bien cómo funciona y está claro que muchos lo hacen a diario no solo con los encargados de organizar sus matrimonios, sino con toda suerte de actividades u oficios que escapan al control de las autoridades, como la reparación de un auto en un taller informal, el tapizado de unos muebles, la confección de un vestido o traje y otros cientos, digo miles de actividades que a diario se transan con una pregunta final: ¿Se lo cotizo con o sin IVA? Y ni qué hablar de ese sinnúmero de actividades que en Colombia catalogamos como “barbachas”: el celador que lava los carros de los residentes del conjunto en donde trabaja, el empleado de una oficina que hace declaraciones renta en sus tiempos libres, el profesor de un colegio que dicta clases particulares...mejor dicho, no me quiero imaginar el país que tendríamos si todos los ciudadanos procediéramos en el marco de la legalidad con la Dian. A cambio seguimos sumidos en un círculo vicioso del que aún no hemos podido salir y del que es imposible hacerlo mientras que la desconfianza se imponga como norma de conducta en la relación entre unos y otros. Aún así cabe la reflexión: ¿Hasta cuándo?

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