jueves 02 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Armando Martínez

Arte de vivir en el mundo

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Columna de
Armando Martínez

Con este título, publicó don Ventura Pascual Ferrer en La Habana, durante el año 1841, sus reflexiones de un viejo curtido en muchas aventuras políticas en Madrid, La Habana y Cartagena de Indias. Su vida se extendió entre los 79 años que transcurrieron entre 1772 y 1851. Nacido en La Habana, vino a Cartagena en 1806. Como tuvo que transitar por la experiencia revolucionaria desde 1810, cuando Cartagena se convirtió en gran escenario de buques corsarios que dejaban un sesenta por ciento de ganancias, sobre buques, apresados al nuevo Estado republicano, y desde 1816 tuvo que sortear las persecuciones del general Pablo Morillo —hasta que su paisano, el virrey Francisco de Montalvo lo sacó de apuros y le devolvió su empleo de funcionario de las oficinas del real ramo de Marina—, sabía mejor que nadie como es que se podía sobrevivir en el mundo que le tocó.

El arte de la civilización, en su opinión, consiste en hacer triunfar los principios de la razón social sobre los impulsos desordenados de la naturaleza. ¿Cuáles principios? Ejercer los propios derechos con el menor perjuicio de los ajenos; respetar los derechos ajenos, aunque nos perjudiquen; reconocer, hasta en nuestros enemigos, los méritos; no hacer mal sin motivo justo y sin legítima autorización; promover el bien de los demás; renunciar a los resentimientos momentáneos que puedan producirnos mayores disgustos; sacrificar los afectos personales ante el interés público, y procurar la mayor ventaja general de la sociedad con el menor perjuicio de los individuos.

En general, creía que el arte de conducirse bien en la sociedad es modelar el carácter, las acciones, los sentimientos y el discurso para ganarse la estimación de los demás, pero sin excederse de los límites de lo justo, según prescribe la razón social. Habría que inhibir todas las acciones degradantes, como la torpeza en el trato social, la timidez, la afectación, el poco dominio de las posturas del cuerpo, así como del caminar, evitar la pequeñez de los temas y de las ideas, olvidar los nombres de las personas conocidas, los actos contrarios al pudor y la escasa modestia.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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