jueves 30 de noviembre de 2023 - 12:05 AM

Armando Martínez

Doña Josefa

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Columna de
Armando Martínez

¿Para qué sirvieron las guerras civiles del siglo XIX? Para convertir a los generales ganadores en candidatos presidenciales. Del campo de Boyacá salieron dos: Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. De los campos de Buesaco y Aratoca salió Pedro Alcántara Herrán. De los campos de Subachoque y Cuaspud salió Tomás Cipriano de Mosquera. De los campos de Pasto y Apulo salió José Hilario López. De La Ladera salió José María Obando. De Ayacucho y del Portete de Tarqui salió José María Melo. De los campos de Hormezaque y Usaquén salió Santos Acosta. De los campos de Tierra Azul y Pamplona salió Santos Gutiérrez. Del campo de Los Chancos salió Julián Trujillo. De Enciso (García Rovira) salieron dos: Rafael Reyes y Ramón González Valencia.

Efectivamente, la batalla de Enciso fue librada el 15 de marzo de 1895 entre las tropas gubernamentales de la Administración Caro —mandadas por el general Rafael Reyes— y los rebeldes liberales comandados por los generales José María Ruiz y Pedro Soler Martínez. El cura párroco de Enciso, Luis María Figueroa, contó 1.005 muertos en este campo de batalla. El triunfo del general Reyes se debió a su férreo mando y a una señora suya hasta entonces desconocida: Doña Josefa. Este fue el nombre dado a la primera ametralladora que usó el ejército nacional en un campo de batalla. En 1862 la había patentado el estadounidense Richard J. Gatling, y fue usada en la guerra de secesión estadounidense y en la guerra de los ingleses contra los zulúes. El modelo Maxim, patentado en 1883, fue la primera arma totalmente automática.

En algún momento del combate de Enciso, después de provocar muchas muertes entre los rebeldes, Doña Josefa se trabó. Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado: Pedro Entrena —un liberal del Táchira identificado con su enseña amarilla— llegó al galope para enlazarla con su rejo y llevarla consigo. Aunque esta hazaña le costó la vida, lo cierto es que Doña Josefa salió de la compañía del general Reyes. Nadie ha vuelto a saber de ella, porque algunas damas son así: se van con cualquier forastero aparecido, sin despedirse de nadie.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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