Publicidad

Armando Martínez
Miércoles 31 de enero de 2024 - 12:00 PM

Dos gobiernos ilegítimos

Compartir
Imprimir
Comentarios

Compartir

Charles Maurice de Talleyrand, ministro de asuntos exteriores de la Francia revolucionaria y napoleónica, identificó el principio político de la legitimidad, el elemento imprescindible para la estabilidad de los gobiernos y la tranquilidad de los pueblos. Un gobierno sin legitimidad es una usurpación, y esto explica la muy corta duración de dos de nuestros gobiernos republicanos: el del general Rafael Urdaneta (5 de septiembre de 1830 a 2 de mayo de 1831) y el del general José María Melo (17 de abril a 4 de diciembre de 1854).

El Batallón Callao, mayoritariamente de venezolanos, comenzó la usurpación de 1830 al vencer en el Santuario al ejército que sostenía la administración del presidente Joaquín Mosquera. Las capitulaciones del campo de San Victorino significaron una revolución triunfante, porque el presidente ya no podía ejercer sus funciones, y se fue a Nueva York. Cuatro provincias se pronunciaron por el mando del general Bolívar y encargaron la autoridad al general Urdaneta, mientras aquel regresaba de Cartagena. Calcularon mal, porque el Libertador ya no quería mandar y falleció en Santa Marta antes de terminar ese año. Urdaneta quedó encartado, sin legitimidad alguna, hasta que los generales payaneses y llaneros vinieron por él, con lo cual los santuaristas tuvieron que irse a Venezuela.

El general Melo dio un golpe al presidente Obando el 17 de abril de 1854. ¿Por qué? Porque este se negó a cerrar el Congreso, para impedir que aprobara dos medidas en ese día: la disolución del ejército permanente y la separación del mando de aquel, para que se le pudiera juzgar por el asesinato del cabo Pedro Ramón Quirós. Esta usurpación obligó a doce generales antiguos a reunir sus fuerzas para disolverla, unos siete meses después, con lo cual la legitimidad fue restaurada por el presidente Mallarino, quien llamó a los dos partidos a los ministerios.

Cada vez que alguien defiende alguna doctrina de usurpación del poder, resucita el principio de la legitimidad. En las repúblicas, el equilibrio de los tres poderes públicos y la voluntad de los electores. No hay peor negocio, en política, que la usurpación. No deberíamos olvidarlo nunca.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad