jueves 07 de diciembre de 2023 - 12:10 AM

Meterse a Funes

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Hace apenas dos generaciones, todavía algunas madres les repetían a sus hijos entrometidos, escaldados por metiches, una antigua expresión: “—¡Eso le pasa por meterse a Funes!”. La abuela de Gustavo Sorzano era una de esas, justo porque este chino era un metiche malcriado. —¿Cuál es el origen de esa expresión? —pregunta el caballero casi octogenario.

La respuesta se encuentra en el último capítulo (“Los guerrilleros”) de la tercera serie de las Reminiscencias de Santafé y Bogotá (1897), la obra magna de don José María Cordovez Moure que todo colombiano debería leer. La historia comenzó el 16 de agosto de 1809, cuando los pastusos recibieron una carta del marqués de Selva Alegre, presidente de la efímera junta suprema patriótica que se había formado en Quito, quien les pedía un imposible político: anexarse a su jurisdicción, abandonando la que siempre habían tenido respecto del virrey de Santafé. “Dios y rey” fue la consigna de las gentes de la provincia de Pasto —me parece que hasta el día de hoy—, con lo cual ya podemos suponer su respuesta. Así que vinieron los quiteños armados hasta el sur del río Guáitara, y se situaron enfrente del pueblo de Funes. Pero, armados con porras y hondas, los campesinos pastusos cruzaron el río a nado y los pusieron en fuga.

Desde entonces, todos aconsejaron no meterse a Funes, pero de nada valió: los generales Bolívar, Sucre, Salom, Córdoba, Flores y otros más se metieron, y todos pagaron las consecuencias. El Libertador llegó a decir que habría que borrar del mapa a “esa raza infame”, y lo intentó, sin éxito. Así que cuando algún mandatario republicano enviaba a algún oficial a Funes, este tenía que comenzar soportando las diarreas concomitantes. Y de esa experiencia fue que se aplicó la expresión a todo aquel chino que se entromete en los asuntos ajenos y paga los platos rotos. Como nadie escarmienta en cabeza ajena, las gentes porfían en meterse a Funes —incluyendo a Sorzano—, ignorando el consejo de su abuela sabia, doña Matilde Jiménez Vanegas, conocida porque le enseñó a tocar el piano a doña Lucila Paillié.

armando martínez G.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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