jueves 28 de septiembre de 2023 - 12:00 AM

Armando Martínez

Pía Rigán

Image
Columna de
Armando Martínez

Nacida en Honda durante el año de 1831, Agripina Samper Agudelo no tuvo la altura intelectual de dos de sus hermanos, José María y Miguel, pero fue escritora y poetisa. Bajo el seudónimo de Pía Rigán publicó sus poemas y le plantó debate a José María Vergara por la importancia relativa de la lengua castellana. Pero la edición de sus cartas a su esposo ausente — Manuel Ancízar—, que acaba de aparecer, demuestra el valor histórico de su escritura.

A las que se imaginan que la vida de una ama de casa —con cinco chinos— era aburrida durante el siglo XIX, esta colección de cartas puede desengañarlas. Partidaria del “amor conyugal”, al que dedicó uno de sus más famosos poemas —“El todo del enigma venturoso,/ El grato ensueño de color de oro,/ Es lo que hoy hace mi mejor tesoro;/ El amor conyugal direlo, pues” —, llevaba su casa bogotana con amor: daba órdenes a la cocinera, las nodrizas, la lavandera, la muchacha mandadera del aseo; iba a la plaza para hacer el mercado, se quejaba de la escasez y de los precios de los víveres, atendía a los chinos en cama con sarampión, alzaba al más chiquito, recibía visitas, leía los periódicos, escribía cartas y se mantenía al tanto de las luchas políticas. Le gustaba preparar masato de arroz, carne asada en el horno, arroz blanco, papas sin guiso de cebollas y chocolate espeso. Para conjurar sus miedos nocturnos, y a los ladrones, convidaba a alguno de sus familiares a dormir en su casa cuando estaba ausente su marido.

Sabía mejor que nadie que los políticos prometían buenos caminos, paz, buena y honrada administración, pero sus intereses no iban más allá del cobro de sus sueldos y viáticos. Apoyó al general Mosquera en su campaña de exclaustración de las monjas y supresión de conventos, pero pidió que el gobierno les devolviera sus dotes, que en justicia les pertenecían. Con remedios caseros atendía los males de sus chinos y, aunque era radicalmente liberal, no aprobaba las segundas nupcias para los viudos. En fin, Pía Rigán fue una mujer excepcional.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad