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Armando Martínez
Miércoles 21 de febrero de 2024 - 12:00 PM

Saravena

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Cuando el sacerdote eudista francés Henri J. Rochereau llegó en 1913 a los llanos del Sarare, para evangelizar a los indígenas tunebos, casi no existían colonos en la zona. Era solo una zona despoblada del municipio de Tame, cuyo origen se remonta al 26 de abril de 1661, cuando se convirtió en “curato de por sí”, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, separado del cura doctrinero del pueblo de Pauto. El misionero eudista calculó en 1924 que los seis grupos tunebos apenas sumaban unos 6.000 individuos en al alto río Sarare.

De pronto, durante la década de 1950, se precipitó sobre el Sarare una colonización de campesinos de todo el país, pero especialmente de los dos Santanderes. Desde 1972 el INCORA trató de regular la desbordada colonización con la construcción de una Cooperativa Agropecuaria del Sarare en el caserío de Las Pavas, y de un aeropuerto que hoy se llama “Los Colonizadores”, servido inicialmente por Satena, La Urraca y El Venado, “los aviones de la leche”. Hoy Satena y Clic atienden a los enfermos que van hacia las cínicas de Bucaramanga. Sin que nadie logre explicarlo, el asentamiento finalmente se llamó Saravena, ratificado por el decreto 2004 del 3 de febrero de 1976 que lo convirtió en entidad municipal, separándolo de Tame. En solo cinco décadas, Saravena se convirtió en el segundo municipio más poblado del Arauca, con 81.000 habitantes, 34 barrios agrupados en cuatro comunas y once distritos rurales que agrupan 78 veredas. Siete comunidades indígenas viven todavía en la zona rural.

Como sucede en este país, las instituciones estatales no pudieron seguir el ritmo de un crecimiento tan rápido, con lo cual fueron suplantadas en sus funciones por organizaciones armadas, la maldición que acompañó a las colonizaciones del último siglo. Solo nos enteramos de la existencia de Saravena cuando entran a Bucaramanga los camiones que traen sus ganados, plátanos, cacaos y yucas. Ignoramos todo lo demás, como los políticos que creen que el mundo real existe desde que ellos llegaron. La realidad es que la colonización santandereana siempre estuvo ahí, pero nadie nos enseñó a verla.

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