jueves 23 de noviembre de 2023 - 12:05 AM

Armando Martínez

Un anglicismo intruso

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Columna de
Armando Martínez

Está muy bien que Bucaramanga haya ocupado el primer puesto en el nivel moderado de desempeño que la sociedad nacional tiene en lengua inglesa —según los índices elaborados para el año dos mil veintitrés por Education First—, por encima de Barranquilla, Manizales, Bogotá, Medellín y Cali. También está muy bien que Santander haya ocupado el quinto lugar en el grupo de las regiones, después del Distrito Capital, Antioquia, Caldas y Quindío. Estos índices hablan bien del trabajo que han hecho los docentes de las instituciones educativas en nuestra región. Pero está muy mal la omisión de vigilancia que los docentes de nuestra lengua materna demuestran.

El mejor ejemplo de este fenómeno es la manera como, recientemente, se han estado expresando oralmente los años en las fechas. Los que fuimos formados en la segunda mitad del siglo pasado recibimos la norma canónica de la Real Academia de la Lengua: “en español, las fechas se escriben en orden ascendente (día, mes, año)”. Ejemplo: “hoy es 23 de noviembre del 2023”. Es entonces un anglicismo, en la lengua española, usar el orden descendente o el mixto, como “noviembre 23, 2023”. Debe usarse la preposición “de” entre el día y el mes, y entre el mes y el año, o la contracción “del”. Por ello, el próximo año comenzará el día 1 de enero del 2024.

El anglicismo intruso que invadió los medios radiales es su expresión oral. Siempre dijimos “año dos mil veintitrés”, pero ahora oímos, frecuentemente, “año veinte veintitrés”. Como entre los estadounidenses se impuso la forma abreviada de la pronunciación de los años —por ejemplo, 2023 se expresa twenty twenty-three—, por el camino de la imitación —una manera débil de incorporarse novelerías— comenzó a imponerse ese uso irregular entre nosotros. Con frecuencia oímos un uso combinado: “Esta universidad se fundó en el año mil novecientos cuarenta y ocho, pero hoy, veinte veintitrés...”. No puede ser, señores docentes. Hay que defender, a lápiz y tiza, la norma de la lengua castellana. Propongámonos que el año entrante debe ser —para los castizos santandereanos— el dos mil veinticuatro, jamás el año veinte veinticuatro.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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