Publicado por: Carlos Chaverra
“Estoy confiado en que podamos generar 13 billones de libras para la economía de la Gran Bretaña en los próximos cuatro años, como resultado de ser anfitriones de estos juegos olímpicos. Esperamos que estos juegos sean una oportunidad de oro para nuestro país”. Con estas declaraciones el primer ministro inglés, David Cameron, aspira a que estas justas deportivas traigan un respirito a su país. “Precisamente porque los tiempos son difíciles es que tenemos que sacar un mayor provecho para soportar la generación de empleos y crecimiento para nuestro economía”. Responde Cameron a los escépticos que cuestionan que la inversión de nueve billones de libras es un gasto de lujo que no corresponde con tiempos de dura austeridad.
Otros que buscan un respiro son los españoles, que han lanzado por estos días a Madrid como candidato a los juegos 2020. ¿Cómo puede ser esto mientras España “navega en un marasmo económico, entre la crisis absoluta y el desastre absoluto”? argumentan los críticos. El gobierno contesta que aspira a repetir los buenos resultados económicos de Barcelona 92.
Lo cierto es que, independientemente de la crisis del euro, los conflictos en Siria, el bajo repunte de la economía americana, las tragedias ambientales y demás, podremos todos tener un respiro descansando en unos juegos que aspiran a mostrar que podemos competir por la victoria por nada más que el honor de una medalla. Por unos días los países lucharán en sus deportes, no con armas y oscuras maquinaciones, sino con el esfuerzo de un duro entrenamiento. Se rescatará el honor patrio, a punta de sudor, empeño y pundonor y, aunque no faltará el de espíritu altivo, nos causará una honda emoción ver a los atletas en el podio mirando su bandera con orgullo.
Nuestra Colombia tendrá con sus deportistas unos nuevos héroes que contarán la historia de cómo llegaron al triunfo con escasos recursos, pero con admirable tesón, lo que nos dará un respiro de constituyentes, el oscuro color que está cogiendo la contienda política y nuestra propias angustias económicas y de seguridad. Serán sin duda nuestros medallistas un bálsamo para nuestra cultura enfrascada en la loca carrera del todo vale y la ley del más fuerte. Aprovechemos entonces el respirito. Que encontremos en estos juegos fuentes para animarnos a obtener una medalla de oro en la sana emulación de los valores olímpicos.









