Publicado por: Carlos Chaverra
Me tocó ver el Habemus Papa en la sala de espera de un aeropuerto. Ya en la tarde había mucha gente regresando a sus ciudades y los televisores mostraban una plaza de San Pedro abarrotada de público, avisado por el humo blanco que anunciaba que los cardenales habían llegado a una decisión.
Para creyentes o no creyentes este era un evento de importancia, toda vez que la iglesia católica es una institución que abarca cerca de 1,100 millones de feligreses, 45% de ellos en América Latina y para seguidores o no seguidores lo que sucede en el Vaticano no solo tiene que ver con la vida espiritual, sino que ha permeado históricamente eventos que van desde lo político a lo social y cultural.
En la sala de espera la gente seguía la noticia con distinta expectativa. Había allí una monja con evidentes signos de alegría y devoción; los jóvenes estaban más pendientes de sus celulares y del chat, algunos hombres de negocios terminaban sus labores del día leyendo, mientras otros simplemente conversaban y seguían de reojo la pantalla. Hubo una pequeña murmuración y algo de atención cuando se anunció que el Papa era de este lado del mar y claro, no faltó aquel que echara su chiste acerca de los argentinos.
Aunque evidentemente había interés por el tema, las actitudes y las reacciones de los que allí estábamos era distinta. Algunos se sentían atraídos por la pompa y la ceremonia mientras que a varios les llamaba la atención la evidente euforia de los que estaban en la plaza. Muchos se conmovieron al oír la historia y los gestos de humildad de este cardenal jesuita.
Me puse a reflexionar que eventos como estos son significativos porque nos ponen a pensar sobre nuestras motivaciones y prioridades. Todos creemos en algo y ese algo consiente o inconscientemente fija nuestros deseos y objetivos. “De la abundancia del corazón habla al boca”, dice el proverbio. Lo cierto es que independientemente de lo que opinemos de Dios, palabras como amor, humildad, modestia, servicio, justicia e igualdad empezaron a mencionarse de nuevo.
“Si no caminamos, si no edificamos, si no profesamos a Jesucristo, nos convertiremos en una ONG piadosa, no en una esposa del Señor” dijo el nuevo Papa Francisco. Buena motivación para aquellos seguidores de Jesucristo; buen ejemplo para mostrar a aquellos cuya fe descansa en algo distinto.









