Publicidad

Carlos Chaverra
Sábado 23 de marzo de 2013 - 12:00 AM

Rendir cuentas

Publicado por: Carlos Chaverra

Compartir

La primera vez qua asistí a una de asamblea de una compañía fue hace más de 25 años. En el área en que trabajaba éramos responsables de  la parte económica del documento del informe a los accionistas. Recuerdo que previo a entregar el informe al Presidente del Banco para su aprobación, mis jefes entraban en franco estrés, ansiedad que en principio me parecía desmedida.

Al asistir a la asamblea entendí  la razón de todas nuestras preocupaciones. El recinto del banco donde se hacía la reunión  se vestía de gala y nosotros los funcionarios también nos acicalábamos para la ocasión. Se respiraba cierta solemnidad al ser recibidas las credenciales de los accionistas. El presidente y las directivas del Banco presentaban cada uno de los puntos del orden del día, en donde en particular se detenían a explicar los resultados financieros de su gestión, los cuales eran sometidos a aprobación de los accionistas.

“Cosa seria esta de rendir cuentas”, pensaba, mientras todos respiraban con alivio al llegar el fin de la reunión y los accionistas se declaraban debidamente informados. “A trabajar para el otro año”, decíamos. Allí estaríamos de nuevo sometiendo nuestra gestión al escrutinio de los socios y autoridades.

Termina este mes de marzo y muchas empresas han pasado ya por sus asambleas de rendición de cuentas. Algo que no ha cambiado en todos estos años es el estrés de presentar informes y la solemnidad del momento. Cada ejercicio de rendición de cuentas es una lección de formación de carácter. Si las cosas van bien se aprenderá gratitud. Se tratara de evitar igualmente que el ego se desboque y se deberá entender que el merito no es propio sino de equipo.

Paradójicamente en esto del carácter y rendición de cuentas, los mayores dividendos se recogen cuando las cosas están difíciles. “El oro con el fuego se pule”, dice el adagio. No es fácil aceptar errores y duelen también los esfuerzos frustrados. No hay mayor lección de humildad que la soledad de la derrota, pero se aprenderá que aunque se pierda una batalla se debe estar firme  para ganar la guerra. Se perderán adeptos y se ganarán enemigos, pero se encontrarán espíritus nobles que animen y acompañen.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día