Publicado por: Carlos Chaverra
Me asomé a la calle desde el balcón y se vivía un ambiente de fiesta. Veía caras felices y todo el mundo se saludaba. Desde los carros la gente hacía sonar sus bocinas haciendo ondear la bandera colombiana. Era 1998 y nuestra selección había ganado a Túnez en su partido correspondiente a la primera ronda del mundial de Francia. Todos gozábamos con el gol de Leider Preciado con la esperanza de que Colombia pudiera avanzar a la siguiente ronda.
Se me quedó grabada esta ocasión porque, aparte del ambiente festivo propio de estos eventos, el triunfo representaba una suerte de compensación a las dificultades que en ese momento vivía el país en lo económico y en lo político. Rescataba esta victoria de alguna forma nuestra dignidad y autoestima. “Si tan solo pudiéramos lograr que este espíritu fuera algo permanente en nosotros y nuestro país, cuántas cosas podríamos lograr”, pensé en esos momentos. Igual nos eliminaron en dicho mundial, se nos golpeó el ego pero hubo de todas formas una sensación de que habíamos logrado competir en un evento donde sólo llegan los mejores.
Ahora tenemos una nueva selección y aunque leí que el ex -entrenador Maturana nos advierte de no dejarnos llevar por la euforia, me parece que nos merecemos sentirnos orgullosos. En mi caso me acordé de ese mundial de Francia y quisiera que esa expectativa y buena onda de la selección nos durara y permeara nuestro entorno. No nos caería mal acoger en nuestras actividades la disciplina que ha mostrado Pékerman para formar su equipo. Me gustaría también tener el arrojo de nuestro arquero Ospina o la calma de Yepes y Perea en la defensa o el picante de nuestros delanteros.
Me gustaría formar parte de un equipo que aunque son estrellas no se creen tales y ahí van sin muchos aspavientos logrando resultados. Bueno tener un líder como Falcao con contrato millonario pero con espíritu noble y humilde. Así que no le voy a hacer caso a Maturana y me dejaré llevar por la sana euforia. Trataré de llevar los buenos ejemplos de nuestra selección, a la gramilla de mi vida diaria.
Si tan solo pudiéramos convencernos de que podemos ser los mejores sin necesidad de menospreciar a nuestro rival. Si pudiéramos librarnos del “todo vale”. ¡Hasta mundiales podríamos ganar!











