sábado 04 de julio de 2020 - 12:00 AM

A propósito del propósito

los sobrevivientes no tienen tiempo de preguntar ¿Por qué yo? La única pregunta relevante es ¿y ahora qué?..
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Columna de
Carlos Chaverra

Quizás cada vida es un estudio de lo que no tenemos pero que quisiéremos tener y de las cosas que tenemos, pero no queremos. Me tomó muchas décadas para descubrir que podría hacerme otra pregunta, no tanto ¿por qué vivo? Sino más bien ¿qué es lo que yo debo hacer con la vida que se me ha dado?” En 1944 a los 16 años Edith Eger fue enviada a Auschwitz y separada de su familia a su arribo. No obstante, la tortura y la inanición preservó su libertad mental y espiritual. Edith no solo sobrevivió los horrores, sino que se convirtió en PhD en Psicología y comparte su historia de supervivencia con miles. En su libro ‘The Choice, Embrace the Possible, Scribner,2017’ distingue entre ser víctima (a lo cual menciona que todos podemos haber sido objeto de alguna injusticia) y permanecer victimizado que, para los especialistas en psicología, consiste una condición de la salud mental de una persona a partir de la cual esa persona se observa a sí misma como centro de todos los ataques y agresiones que pueden existir en una relación humana.

“Desarrollamos una mentalidad de víctima”, nos dice Eger “una forma de pensar rígida, propensa a la acusación, enterrada en el pasado, sin capacidad de perdón, punitiva, sin fronteras ni límites sanos. Nos volvemos nuestros propios carceleros cuando escogemos los confines de la mentalidad de víctima”. Nos advierte sobre la comparación, ya que todos compartimos el deseo de reconciliar lo que es con lo que debería haber sido de forma tal que todos estamos expuestos a caer en la cárcel mental de la victimización. “Pero los sobrevivientes no tienen tiempo de preguntar ¿Por qué yo? La única pregunta relevante es ¿y ahora qué?”

¿Qué es lo que debo hacer con la vida que se me ha dado?

No es, en este contexto, un llamado a la derrota o al conformismo. Es más bien un tiempo de repasar nuestros propósitos y descubrir si están construidos sobre cimientos sólidos que no solo resisten Auschwitz y pandemias, sino la altivez del poder o la arrogancia del orgullo.

Nos invita a apurar el paso y descubrir que podemos dar mucha más de lo que creemos.

Un ejercicio necesario para los tiempos de hoy.

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