sábado 14 de agosto de 2021 - 12:00 AM

Autogoles

Comentar el partido con un hincha del equipo contrario no era un asunto de vida o muerte como lo es hoy, nos vacilábamos mutuamente o posábamos de eruditos en la materia, un derecho inalienable de todo hincha.
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Columna de
Carlos Chaverra

La buena expectativa empezaba desde el viernes. Para un estudiante universitario tímido y solitario confinado a un pequeño cuarto alquilado en el barrio Paulo VI en Bogotá la perspectiva de plato futbolero del domingo era un manjar difícil de esperar. El plan era alimentado en la semana leyendo los periódicos especializados que existían para la época como “Don Balón” y “Estadio”. Contribuía a la euforia escuchar programas radiales como la “Polémica del Futbol” y la “Barra de la 12” donde comentaristas como Edgar Perea, Jaime Ortiz Alvear, Alberto Piedrahita Pacheco le ponían algo de sazón y a veces un poquito de sinrazón que acompaña a todo hincha del futbol. El domingo el plan empezaba hacia el mediodía con caminata al Estadio El Campin donde sabía que me esperaban las opulentas viandas del “Palacio del Colesterol”. Para aquella época mi joven estomago asimilaría sin problema los excesos propios de un buen plato de fritanga y papa criolla con su respectiva Coca Cola.

Recuerdo que no existían lo que hoy se conoce como las barras bravas y solo existían espacios exclusivos para personas de la tercera edad o grupos de niños a los cuales se les concedía un privilegio especial. Comentar el partido con un hincha del equipo contrario no era un asunto de vida o muerte como lo es hoy, nos vacilábamos mutuamente o posábamos de eruditos en la materia, un derecho inalienable de todo hincha. Policía más bien escasa. Los tumultos eran precarios y en los que participé era cuando me daba por esperar que salieran los futbolistas en el bus del equipo, algo que en retrospectiva no entiendo por qué lo hacía. Quizás era mi forma de agradecerles el hecho de haberme brindado un gran día.

Los hinchas del Nacional y Santa-Fe se tranzaron por estos días en una gresca monumental. ¿Razones? Aparentemente ninguna diferente a la de lucir una camisita verde o roja. Con ello se metieron un gran autogol porque fueron sancionados para ir al estadio y ya no podrán tener su día especial de domingo. El autogol es aún mayor porque perjudicaron a otros hinchas y a su mismo equipo y realmente no avanzaron causa alguna. Qué vaina cuando lo que debemos cuidar lo dejamos morir a punta de autogoles.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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