sábado 16 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Confianza distribuida

Ahora andamos en la polémica porque Carlos Vives y la Señorita Colombia han opinado sobre participar en la marcha. ¿Dónde depo-sitar nuestra confianza?
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Columna de
Carlos Chaverra

Recuerdo que estábamos en un salón cerrado donde solo podíamos entrar los que trabajábamos en el departamento de Tesorería. Estaban muy bien equipados con computadores y teléfonos. Nuestra labor consistía en llamar a otros tesoreros colegas y corredores de bolsa y desde nuestros teléfonos negociábamos distintos títulos valores. Por aquella época no se grababan las llamadas, así que la transacción se sellaba confiando en la palabra del tesorero y la institución. Nunca supe que una transacción se echaba para atrás, porque alguna de las contrapartes había escuchado mal o que se había cambiado de opinión. Al final del día se podía ir confiado a casa sabiendo que todo el mundo había cumplido su palabra.

Según Raquel Botsman, quien enseña en el primer curso de economía colaborativa diseñada por ella en la escuela de negocios Said de la Universidad de Oxford, este tipo de confianza en lo “institucional” (en este ejemplo un banco) se ha ido perdiendo. Ni qué decir de la pérdida de confianza en otras instituciones como el Congreso. Botsman afirma en su libro (¿Who can you trust?, how technology brought us together and why it might drive us apart, 2018) que hoy, gracias a la tecnología el tema de confianza- que es en últimas el pegamento que une a las sociedades- ha tenido un cambio fundamental. En las épocas antiguas se confiaba en el valor de la palabra, porque las comunidades eran pequeñas y todos se conocían. En la revolución industrial la confianza se depositó en las distintas instituciones de gobierno, clericales o similares en donde se confiaba que desde allí se emitieran conceptos dirigidos a proteger el bien común.

Hoy en la era digital se habla de la “confianza distribuida”. Los influencers de las redes opinan y les creemos o nos obsesionamos con los “likes” de Facebook y confiamos en la calificación que dan los usuarios de Uber o Airbnb. En un mundo polarizado no hay institución creíble, de forma tal que confiamos en el carismático de turno o el que más nos meta miedo. Ahora andamos en la polémica porque Carlos Vives y la Señorita Colombia han opinado sobre participar o no en la marcha de la próxima semana. ¿Dónde depositar nuestra confianza? Difícil respuesta en los tiempos de hoy.

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