sábado 23 de julio de 2022 - 12:00 AM

De desfiles y discursos

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Columna de
Carlos Chaverra

Recuerdo que de pequeño el plan para el 20 de Julio consistía en ir desde temprano a la avenida 68 en Bogotá y escoger un buen puesto para ver la parada militar. Se respiraba allí un ambiente festivo, pero a la vez sobrio. Recuerdo también que esos desfiles siempre se acompañaban con una mezcla de asombro y respeto. Para los ojos de un niño todo parecía grande y fastuoso. Para los padres que acompañaban era su oportunidad de repasar la historia y trasmitirnos algo de orgullo patrio. Llevábamos dos años por cortesía de la pandemia en que no se tenían estos desfiles y lo que vivimos después de este tiempo de abstinencia fue la misma alegría y fiesta que nos prendió de nuevo la llamita del amor por la patria

Ya más grandecitos el plan de 20 de julio no solo era del desfile sino también escuchar los discursos de posesión del nuevo congreso. Era un momento también de celebración en donde se refrendaba el ejercicio democrático del voto y, como esta ocasión al coincidir la fecha con la culminación del cuatrienio, el presidente saliente echaba su discurso de despedida resaltando sus logros y deseándole éxitos al nuevo mandatario. Como en la parada militar también recuerdo albergar sentimientos de asombro, respeto y orgullo patrio.

“No haber dejado hablar al presidente Duque fue uno de los más grandes gestos de patanería y grosería que recordemos en la política colombiana. La cosa es muy simple: si estamos en una democracia, hay que dejar hablar al otro y escucharlo. No necesariamente hay que acoger lo que dice, pero hay que dejar que lo diga. Y si no se está de acuerdo con algo, se procede a exponer el desacuerdo con razones”. Nos dice el editorialista del periódico El Colombiano. La verdad cuando perdemos el sentido de la dignidad presidencial (sin importar la filiación política) y la solemnidad que debe acompañar estos momentos perdemos todos. Hay desfiles y discursos que debemos proteger porque van más allá de demostraciones de fuerza o la obtención de dividendos políticos. Allí se demuestra quienes somos, nuestra capacidad para construir como ciudadanos. Afrontar el cambio requiere afinar nuestra capacidad de escucha, renunciar a la soberbia como consejera. Hay mucho en juego.

cchaverra@unab.edu.co

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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