sábado 10 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

De monarquías y hooligans

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Columna de
Carlos Chaverra

El diccionario de la Real Academia Española define hooligan como hincha británico de comportamiento violento y agresivo. Su definición sin embargo ha traspasado el ámbito del futbol y se usa para describir no solo a hinchas furibundos sino conductas y compartimientos que se salgan de lo normal. “Tierra de hooligans y monarquías” me decía mi compañero de estudio al describir la vida en Gran Bretaña. Por aquella época se veía en las calles jóvenes ataviados de las más estrafalarias indumentarias con largas cabelleras de todos los colores. Para nosotros, que veníamos de la pacata Bogotá era todo un espectáculo. Pero al mismo tiempo estudiábamos en una sociedad supremamente respetuosa de las normas y el respeto al ciudadano. Quizás hoy eso haya cambiado un poco y aunque el inglés sigue siendo flemático y su sistema parlamentario lleno de tradiciones tiene sus trazos de rebeldía y locura si pensamos en ejemplos como el Brexit y la reciente dimisión de su primer ministro.

“Su reinado abarcó el viaje de Gran Bretaña de lo inalámbrico al teléfono inteligente, de la deferencia social al igualitarismo, del imperio a la UE. A través de los dramas y vicisitudes de siete décadas, con sus guerras y otros problemas, la reina Isabel II sirvió como mascarón de proa de la nación, supremamente capaz de mantener unido a su pueblo. En medio de una agitación social y política trascendental, sus vacilaciones fueron pocas. La reina, que murió a la edad de 96 años, se convirtió en un símbolo de continuidad y unidad en un panorama político en constante cambio”. Nos dice el obituario del Financial Times reflejando en ella aquel lado “anti-hooligan” sosegado y tranquilo de la sociedad inglesa.

“Declaro ante todos vosotros que toda mi vida, larga o corta, estará dedicada a vuestro servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial, a la que todos pertenecemos”. Palabras de la futura Reina Isabel en 1947. “Más de siete décadas después, en un mundo dedicado al individualismo, en el que el deber es una noción arcaica y la autorrealización es el mayor bien, su promesa suena anacrónica y formulista. Pero lo decía en serio”. Nos dice The Economist. Añadiría que no solo lo decía en serio, sino que lo cumplió y por eso el mundo la va a extrañar.

cchaverra@unab.edu.co

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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