sábado 04 de julio de 2009 - 10:00 AM

El Factor Humano

Se juega la final del campeonato del mundial de rugby de 1995. Los contrincantes los 'Springboks' de Suráfrica y los favoritos 'All Blacks' de Nueva Zelandia. El estadio está lleno y se va realizar la ceremonia correspondiente a la apertura del partido.

De repente aparece un hombre canoso alto vestido con gorra y camiseta del equipo local y el estadio estalla en júbilo: se trata de Nelson Mandela el primer presidente de color que luego de más de veintitrés años de prisión se le ha encomendado la tremenda tarea de reconstruir su país e iniciar un proceso de reconciliación entre blancos y negros. Se había firmado una frágil paz y ya el apartheid -esa terrible política segregacionista- era sobre el papel algo del pasado. El proceso de sanar heridas hasta ahora empezaba y la amenaza de radicales y una guerra civil era aun latente. Mandela había hecho algo tremendamente atrevido: el rugby históricamente había sido considerado un deporte de blancos y era visto por la población de color como una extensión de la opresión del apartheid. Mandela comprendió que tenía que conseguir la unión de blancos y negros de forma espontánea y emocional, y vio con claridad que el deporte era una estrategia extraordinaria para lograrlo. Se atrevió entonces a lucir la camiseta verde de los Springboks. El estadio y el país entendió ese día lo que ese gesto representaba: la necesidad de iniciar un proceso de perdón y entender que el equipo de los Springboks no era un equipo de blancos sino de todos y que un triunfo en el mundial sería un triunfo del país.

El libro del periodista ingles John Carlin; 'El Factor Humano' narra este y otros detalles que antecedieron a ese histórico evento deportivo que, como la mejor de las películas, terminó con el triunfo de los Springboks para dicha de blancos y negros en Suráfrica. Se había dado un paso más hacia la reconciliación.

Hace un año nuestro ejército dio también un paso atrevido y rescató de las entrañas de la selva a un grupo de secuestrados sin disparar un solo tiro. El país jubiloso recibía esta noticia y se asestaba así un golpe a la ignominia del secuestro. Todos sentimos que dimos un paso más hacia la libertad. Que nos falta para ponernos la camiseta de la reconciliación? Si Suráfrica pudo por qué no nosotros?

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