sábado 19 de octubre de 2019 - 12:00 AM

El juego infinito

Estamos acostumbrados a administrar con las presiones de corto plazo como el crecimiento anual de ingresos y utilidades
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Columna de
Carlos Chaverra

En el juego infinito el verdadero valor de una organización no se puede medir por el éxito basado en una serie de métricas arbitrarias con plazos arbitrarios. El verdadero valor de una organización se mide por el deseo de las personas de contribuir a la habilidad de la organización de continuar teniendo éxito no solo durante el tiempo que permanezca en la organización sino en un horizonte que vaya más allá de su permanencia en ella. Un líder con mente finita trabaja para obtener algo de sus empleados, clientes y accionistas con el propósito de obtener unas meticas arbitrarias. El líder con mente infinita trata de asegurar que estos mismos grupos se mantengan inspirados para continuar contribuyendo con sus esfuerzos, sus recursos y sus inversiones. Los jugadores de mente infinita quieren dejar sus organizaciones en mejor posición a la que encontraron. Los que acogen una mentalidad infinita construyen organizaciones más fuertes, más innovadoras. Al final son los que nos guían al futuro.”

En su nuevo libro (The infinite Game, Penguin, 2019), Simon Sinek nos habla de nuevo del papel que juega la visión - lo que él denomina justa causa- en los logros de una organización. Nos invita a tener una mentalidad de juego infinito en el sentido de que las organizaciones, al contrario de un juego de ajedrez o de fútbol, no juegan un partido de reglas claras y de métricas definidas que definen ganadores y perdedores. La organización esta imbuida en un mundo de continuo cambio e incertidumbre y además está compuesta de personas con distintas aspiraciones y motivaciones. Estamos acostumbrados a administrar con las presiones de corto plazo como el crecimiento anual de ingresos y utilidades lo que nos encajona en una mentalidad finita de lo urgente. Estamos jugando un juego finito en un escenario infinito (el de los cambios y las posibilidades) que nos llevan a todo tipo de problemas, el más común de ellos el declive de la confianza, la cooperación y la innovación. Ante un campo infinito los propósitos deben anclarse en premisas superiores a nosotros mismos que sean afirmativas y optimistas, incluyentes, orientadas al servicio, que nos inspiren a la resiliencia. De esta manera los deseos de triunfo y éxito no estarán circunscritos a lo inmediato y circunstancial.

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