sábado 08 de febrero de 2020 - 12:00 AM

El Llanero Solitario

Difícil ser Llanero Solitario en un mundo polarizado, en donde las posiciones distintas a los extremos son vistas como débiles.
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Columna de
Carlos Chaverra

Supe desde el inicio que tener la asignatura de juzgar al presidente de mi propio partido iba a ser la más difícil decisión que iría a afrontar. No estaba equivocado”. Con estas palabras el senador Mitt Romney empezaba un juicioso discurso en donde exponía sus razones para votar a favor de las acusaciones presentadas en el juicio del proceso de destitución del Presidente Trump que se estaba votando en el senado americano.

“Soy consciente que hay personas en mi partido y mi estado que vigorosamente desaprobaran mi decisión y en algunos sectores seré enfáticamente denunciado. Estoy seguro que seré maltratado por el presidente y sus seguidores. ¿Creen ustedes que seriamente estaría dispuesto a sufrir esta consecuencia si no fuera por mi inescapable convicción que el juramento ante Dios demanda de mí?” Dicho y hecho, el Senador Romney hizo historia en ser el primer congresista en la historia que vota contra el presidente de su partido y de paso empezó su condenación ante sus colegas republicanos como paria y traidor a la causa. La noche cayó sobre él, se perdieron en el vacío sus argumentos, empezaba a cabalgar como el Llanero Solitario.

Difícil ser Llanero Solitario en un mundo polarizado, en donde las posiciones distintas a los extremos son vistas como débiles. Como no se adscriben a ninguno de los dos bandos carecen por definición de todo mérito ya que el interlocutor súbitamente pierde no solo su sapiencia profesional sino también su integridad porque no puede haber una razón diferente a una deficiencia de carácter para que el Llanero Solitario tome una posición contraria. El Llanero entra también a ser calificado como miembro de una poderosa conspiración ya que el “ganador” siempre juega el doble papel de víctima y mesías. Es tildado enemigo del pueblo porque, no sé por qué razón, el ganador se considera siempre el mejor intérprete de los deseos de los ciudadanos. El llanero desea ser un buen ciudadano y actúa en buena fe pero ¿cómo hacerlo cuando lo que hay es una confrontación entre tribus donde el solo deseo de diálogo es visto como una concesión al enemigo? El paso del tiempo por lo general termina en darle la razón a los Llaneros Solitarios, ojalá los costos, en este caso, no sean irreparables.

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