sábado 02 de octubre de 2021 - 12:00 AM

El mejor equipo

Genios o no genios, multimillonarios o no, el arte de dirigir nunca se puede reducir a una fórmula. Se podría empezar por consolidar un propósito compartido...
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Columna de
Carlos Chaverra

El protagonista del caso era el director de un equipo de científicos altamente especializados de una firma encargada de proyectos de defensa. Se encuentra preocupado porque el director general acaba de incorporar al grupo a un sobrino, un físico genio recién egresado. El joven en su intensidad no hace sino hacerle preguntas y sugerencias alrededor de los proyectos. “¿Será que el director general me metió un espía al grupo? ¿Será que ya no confía en mi trabajo como director? Después de tanto tiempo en este cargo, ¿será que me están buscando una salida de la empresa? Se pregunta el director.

Le empiezan a rondar las inseguridades y finalmente no resiste más y renuncia. El director general se sorprende de la decisión y le insiste en su permanencia, pero no da su brazo a torcer, siente que sus temores influenciados por el sobrino genio se han convertido en una realidad inmanejable. Al final de la discusión del caso nos sorprende con lo que realmente paso después del retiro. El equipo se desmanteló. Resultó que el don especial de este director era lograr cohesionar al grupo de genios alrededor de un objetivo y al no estar él la genialidad del grupo dejó de ser común a todos.

Ancelotti no renunció a ser entrenador del Real Madrid, ni creo tenga temores sobre espías mandados desde la dirección, pero su equipo de “genios” se desmoronó ante el modestísimo Sheriff de Moldavia al caer derrotado en casa en la ronda de Champions que se desarrolla por estos días. Un 2-1 en contra que nadie esperaba considerando que Moldavia no es precisamente una potencia europea y que con el costo de un solo jugador del Real se puede pagar toda la nómina del Sheriff.

Al final esto de construir equipos no es cosa fácil. Habría que preguntarle al entrenador del Sheriff también su receta ganadora. Genios o no genios, multimillonarios o no, el arte de dirigir nunca se puede reducir a una fórmula. Se podría empezar por consolidar un propósito compartido, que inspire y sirva de norte y nos permita construir alrededor del mismo. Con los cimientos sólidos que permite el propósito se resiste cualquier circunstancia adversa y nos protege de las tentaciones del ego. ¡El inicio de un equipo imbatible!

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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