sábado 12 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Encapuchados

No había agenda oculta y además existía confianza en que la universidad y las autoridades responderían sin ánimo retaliatorio
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Columna de
Carlos Chaverra

Lo invito a que se una a la protesta” me dijo emocionado mi compañero de estudio. “Nos vamos a pronunciar por los malos servicios que nos presta la biblioteca”. Mi corazón me llevó a mi querida Colombia y no sé si fue algo de mis genes latinos que me puso a volar la imaginación alrededor de una nutrida manifestación, no solo con arengas y pancartas sino de plantones, obstrucción de vías y uno que otro encapuchado. No era la época del desahogo social vía internet y las redes sociales. Era sí un momento de la rebeldía “hooligan” - algo muy propio de los ingleses- e inconformismo estudiantil, sin los mecanismos de difusión de estos tiempos modernos. Me intrigaba como en esta universidad inglesa de un país tan pegado a las leyes y a la vez tan afecto a la monarquía se podía desarrollar esta protesta estudiantil al que me invitaba mi entusiasta compañero.

Así que me preparé unos cómodos tenis y un buen pantalón que me amortiguara la caída en caso de huida. No pensé mucho en lo de la capucha porque, al fin y al cabo, ¿no era la protesta un derecho protegido por la constitución y amparado en los mismos estatutos de la universidad? ¿de qué me serviría cubrir con capucha mi identidad como estudiante? Llegue expectante al punto de encuentro: la puerta de entrada a la biblioteca. Para mi sorpresa no había arengas, ni pancartas, ni indicio alguno de “movilización táctica” hacia la rectoría o vías principales. “La protesta consiste en que pasemos la noche en vigilia dentro de la biblioteca, con ello enviaremos el mensaje de nuestro inconformismo”. Al ver mi cara de incredulidad mi compañero continuó diciendo “vamos a reclamar nuestros derechos sin perjudicar los demás derechos de los estudiantes y trabajadores de la universidad. Reclamaremos algo que consideramos justo sin crear con nuestras actuaciones injusticias hacia otros miembros de nuestra comunidad.” Entendí ahí porque ninguno llevaba capucha. No había agenda oculta y además existía confianza en que la universidad y las autoridades responderían sin ánimo retaliatorio y uso indebido de la fuerza. En las justas protestas de los estudiantes de estos días, ¿cómo librarnos de los encapuchados? ¿cómo ejercer el derecho de protesta con responsabilidad? Difícil reto.

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