sábado 31 de julio de 2021 - 12:00 AM

Gracias, Rafael

Se echaba al hombro proyectos quijotescos como la reconstrucción de Acualago y el rescate del Real Santander, porque entendía sus impactos sociales...
Escuchar este artículo
Image
Columna de
Carlos Chaverra

El pacto suponía que al entregarle el libro que yo ya había leído, él lo compartiría con otra persona cuando lo terminara de leer, sin embargo, siempre me decía que él iba escribir en sus páginas que era un regalo mío, era su forma muy sencilla de decirme que apreciaba mi gesto y para mí era una oportunidad de agradecer en mi corazón su espíritu noble y humilde. Recuerdo su gesto sereno cuando le compartía algún problema que me estaba rondando. Su jovialidad habitual daba paso a un silencio atento, sabía que vendrían siempre palabras alentadoras y daba gracias de encontrar una persona dispuesta a escuchar y señalar caminos y alternativas. En sus respuestas descubría que esto del consejo era práctica habitual en él, que había compartido su sabiduría con muchos, que siempre, en esa agenda ocupada, abría espacios de diálogo, que había alegrado y dado esperanzas a muchos corazones como el mío.

“Al chofer se le conoce en la arrancada” solía decir. Yo interpretaba el dicho como algo muy propio de una persona siempre vertical y persistente y que el punto de partida, en donde el carácter era el principal protagonista, marcaría una llegada donde los medios eran tan importantes como los fines. “Decir la verdad siempre será la mejor disculpa”, remataba diciendo.

Doy gracias, porque conocí al Rafael Ardila Duarte empresario, su visión gerencial y su preocupación auténtica por el bienestar de su gente. Presencié la alegría con que compartía con estudiantes sus historias ausentes de todo ego o pretensión. Pero también fui testigo de sus pasiones aún más ejemplarizantes: su amor por su familia y por su región. Se echaba al hombro proyectos quijotescos como la reconstrucción de Acualago y el rescate del Real Santander, porque entendía sus impactos sociales. Sus ayudas anónimas a deportistas y jóvenes no las contaba, pero sí las vivía como otro aporte más a su Santander. Se dejó picar por la política y la ciudad perdió una oportunidad de oro de conocer de primera mano un hombre noble en una alcaldía al servicio del ciudadano. Su amor de siempre, la UNAB, será su mejor legado. Allí florecerán las semillas que traerán un fruto siempre perdurable.

Gracias, Rafa. Gracias por querernos y hacerse querer, nos va a hacer mucha falta.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad