sábado 21 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Honores que matan

En época electoral empiezan a salir las encuestas y como de costumbre los beneficiarios del favor del público rápidamente aceptan sus resultados, mientras que si la marea va para el otro lado, la estadística empieza a perder por alguna razón su validez científica.

Igual sucede con informes de Derechos Humanos donde es común que se aleguen asuntos de parcialidad política para dar por sentado que sus conclusiones son sesgadas. Algo tan evidente como los informes acerca del deterioro del medio ambiente, también son objeto de interpretaciones según el interés político o económico del lector. Esta proclividad a no aceptar lo que creemos nos perjudica, no deja de ser paradójica, ya que somos más fuertes cuando en humildad reconocemos nuestras carencias. Muy a mi pesar (o con esperanza?) vi que todos aceptamos con resignación el 'honroso' lugar número 75 entre 180 países que nos otorgó la ONG Transparencia Internacional en su informe anual sobre índices de corrupción. Podríamos ver el vaso medio lleno y alegar que estamos por encima de la media de la tabla sin embargo ….'De los 31 países de América incluidos en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2009 de Transparency International (TI), 10 obtuvieron una puntuación superior a 5 (sobre 10), mientras que 21 obtuvieron una puntuación inferior a 5, lo que demuestra un serio problema de corrupción. Nueve países no lograron superar la marca de los 3 puntos. Estos resultados indican que la corrupción se encuentra gravemente extendida…. Entre los 9 países que no lograron superar una puntuación de 5 se encuentran Brasil, Perú, Colombia y México. Todos estos países se ubican entre las principales economías de la región y, pese a que deberían convertirse en referentes de la lucha contra la corrupción, se han visto sacudidos por escándalos sobre impunidad, pagos irregulares, corrupción política y captura del Estado'. Aun podemos echar mano, como consuelo, de la frase de un ex presidente que decía que se debería disminuir la corrupción a sus justas proporciones: no hay tal, mal nos fue y nos falta buen camino por recorrer.

Podrá alguno de nuestros candidatos enarbolar (y hacer creíble) la bandera de la lucha contra la corrupción? difícil reto, nuestros devaneos individualistas son una gran tentación lo que nos impide actuar con la responsabilidad de ver que hay un propósito superior a nosotros mismos.

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