sábado 19 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

¿Qué regalar?

Tengo una familiar que empieza a hacer sus compras de navidad a partir de junio. Aunque algunos  arguyen que dicho comportamiento refleja un atisbo de neurosis perfeccionista, a mí no me deja de producir cierta admiración.

No sé si mi reacción se deba a que me gustaría tener esta capacidad organizativa o a que imagino  las maravillas que debe hacer con los presupuestos  (la verdad es que casi siempre tiene los mejores regalos).

Pensándolo bien, más que admiración, es cierta envidia de saber que en los agitados días previos al 24 ella estará tranquila a la espera de la cena navideña mientras el común de los mortales lucha con los trancones de última hora, haciendo fuerza para que nadie escape de la lista y tratando de acertar en la escogencia del obsequio que mejor cuadre con gustos heterogéneos.

Me veo en calzas prietas cuando sé que no puedo regalar un libro. Estoy seguro de que en este caso mis hermanos pensarían que estoy saliendo del paso o, con cierta malicia, me acusarían inmediatamente de hacerme un auto-regalo. La cosa se complica cuando entran en escena los obsequios para los padres ya que, especialmente mamá, tiene la positiva expectativa de que el hijo va a salir con la consabida pañoleta o juego de jabones (aquí la sospecha es que, conociendo el desvirole del primogénito, pueda ser un regalo reciclado de la oficina). Los sobrinos ya no se transan con el regalito de juego de medias y camisetas (siempre el tacaño del tío, dicen) . Para los hijos se apunta a aquello que trascienda y deje huella. No deja uno de asombrarse de cómo cambian los gustos (y los precios) de cuando uno tenía esa edad.

Creo sin embargo que el mejor regalo es el que no se necesita empacar. Una llamada de feliz navidad, una promesa de criticar menos y actuar más; una mano solidaria o el escuchar sin juzgar. Qué tal un abrazo de perdón  o un gesto de reconciliación.

Mi cuñado Hans ha logrado descifrar el enigma. Insiste en que sus conocidos deben darle un regalo que con su corazón de niño espera ansioso. Cuando uno le pregunta: bueno Hans y ¿cuál es tu regalo? Él contesta con la mayor naturalidad: todo mi amor y todo mi cariño. Sabemos que cumplirá lo que dice y claro, para nosotros no hay regalo mejor.

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