sábado 07 de febrero de 2009 - 10:00 AM

¿Será que si?

Me cuenta un amigo ambientalista que si por alguna razón se descompensara progresivamente el ecosistema de insectos, la Tierra como tal correría riesgo de extinción, 'pero si por alguna razón faltara el hombre, al mundo no le pasaría nada, el ecosistema seguiría por sus propios medios en armonía'.

Cuando me empezó a mostrar con citas de científicos consumados que su aseveración tenía fundamento, reflexioné sobre los hechos de esta semana en los que Alan Jara, Sigifredo López y los militares liberados revivieron a través de sus relatos la ignominia del secuestro y lo que el hombre puede hacer con el hombre. ¿Nos quedará grande el compromiso y la responsabilidad de 'cuidar y labrar la tierra' que se encomienda al hombre en el relato bíblico del libro de génesis? ¿Será que sí?

Como contrapeso a esta pesimista reflexión, reviví el abrazo de felicidad de Sigifredo López y sus hijos así como los relatos de Alan Jara donde nos muestra que la generosidad y el amor pueden florecer en las condiciones más extremas. Ni qué decir del afecto sincero de la gente de Villavicencio y Cali.

Ojalá pudiéramos encontrar una salida que se encaminara a romper el círculo perverso de la violencia y radicalismo que actualmente vivimos. ¿Será que podremos dejar de ver la labor de Colombianos por la Paz como sesgada y podremos revivir esfuerzos como el de la séptima papeleta en la que colombianos anónimos canalizaron la voluntad de un país hacia soluciones menos costosas en vidas humanas?

A mi amigo ambientalista me tocará contestarle por ahora con una reflexión franciscana: Que Dios nos bendiga con incomodidad, hacia las respuestas fáciles, las verdades a medias y las relaciones superficiales; para que podamos vivir con profundidad de corazón. Que Dios nos bendiga con rabia, hacia la injusticia, la opresión y la explotación de las personas; para que podamos trabajar por la justicia, la libertad y la paz.

Que Dios nos bendiga con lágrimas, para que podamos verterlas por aquellos que sufren dolor, rechazo, hambre y guerra; para que podamos tender nuestra mano para darles consuelo y convertir su dolor en gozo. Y que Dios nos bendiga con la suficiente osadía para creer que podemos hacer una diferencia en el mundo; para poder hacer lo que otros claman que no es lograble; para traer justicia y amabilidad a todos nuestros hijos y personas en necesidad.

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