sábado 19 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Juramento hipocrático

'Servir el propósito superior, actuar con la mayor integridad y cuidarse de las decisiones y comportamientos que avancen nuestras ambiciones personales pero hagan daño a la compañía y a la sociedad a la que sirven' fue el juramento que más de 400 estudiantes graduandos del MBA de Harvard tomaron el pasado 3 de Junio.

La iniciativa surgió de un estudiante quien aspiraba, según reporta el semanario inglés The Economist, a lograr que por lo menos 100 de sus compañeros de graduación se animaran a jurar a la mejor usanza de las facultades de medicina.

The Economist menciona que no deja de ser irónico que estudiantes de administración que invierten más de $100,000 en un esfuerzo de hacerse muy ricos estén ahora tan afanados en adoptar una posición virtuosa y querer incorporar con tanto celo una agenda basada en virtudes para su vida profesional.

Sin embargo, si vemos a nuestro alrededor, nos podemos dar cuenta de que cualquier iniciativa en este sentido no debe echarse en saco roto. Muchos afirman que el inicio de la crisis económica mundial estuvo fundamentada en la codicia de Wall Street que en su afán de lucro inventó papeles de crédito hipotecario que tarde que temprano no se podrían pagar.

El Sr. Madoff, hoy en la cárcel, mantuvo durante muchos años una reputación tal que hacía que los inversionistas se pelearan por el 'honor' de ser invitados a invertir en sus fondos que hoy ya se esfumaron. Hasta solo hace un año el Director de la escudería Renault de F1 se rasgaba las vestiduras señalando la falta de ética de la escudería McLaren que fue sorprendida robándose secretos profesionales de Ferrari. Hoy este mismo señor tuvo que renunciar inmerso en un escándalo por haber hecho trampa en una carrera. Ni qué decir de nuestro querido país donde la corrupción se pasea oronda con el agravante de que en algunas instancias se ha incorporado como parte del actuar en los negocios.

'Vanidad de vanidades todo es vanidad. No hay nada nuevo bajo el sol' dice el Rey Salomón en Eclesiastés. El, que todo lo tenía y todo lo sabía, nos recuerda la inevitabilidad de la codicia del corazón del hombre. Sin embargo, en la medida en que los juramentos hipocráticos trasciendan a distintas profesiones y podamos encontrar el compás moral que nos muestre ese propósito superior que nos debe motivar, habrá esperanza.

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