sábado 29 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Lockerbie

El 21 de diciembre de 1988 el vuelo 103 de la aerolínea Pan-Am explotaba sobre los cielos de Lockerbie, Escocia. Allí morirían 270 personas en uno de los peores actos terroristas ocurridos en suelo británico. Abdel Basset Ali al-Megrahi, un ex-agente libio de inteligencia, fue condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en la masacre. El pasado 20 de agosto el Sr. Megrahi regresaba 'triunfalmente' a Trípoli, Libia después de haber pagado apenas 8 años de su sentencia.

La razón: el señor Megrahi sufre de un cáncer, lo que le permite, bajo la ley escocesa, cobijarse bajo la figura de la compasión que permite declarar la libertad para enfermos terminales a los que se les dictaminen menos de tres meses de vida.

No faltaron las quejas de los familiares de las víctimas para los que el término 'compasión' no puede ser aplicado a un condenado por la muerte de 270 víctimas inocentes. El gobierno estadounidense (donde un número importante de nacionales de ese país se contaba entre los muertos), protestó por el tratamiento VIP que dio el gobierno libio al Sr. Megrahi, donde no quedaba claro si se trataba de un retroceso del Coronel Gadafi sobre sus actos de contrición por el antiguo apoyo a estos procedimientos que en su momento calificaba de revolucionarios y justificados.

Lo cierto es que la controversia vuelve y nos recuerda dolorosamente lo inmensamente contradictorio de nuestra condición. En su momento los autores del atentado justificaron sus actos como un hecho que reivindicaba su lucha contra las fuerzas del 'imperio'. Hoy ese mismo país atacado argumenta dentro de sus razones para la liberación de Megrahi que 'la compasión y la misericordia persiguen mantener los principios sobre los cuales buscamos vivir, manteniéndonos fieles a nuestros valores como personas, sin importar la severidad de la provocación o la atrocidad del acto que se ha perpetuado'.

¿Es ésta una muestra de una civilidad y moral superior a la que debamos aspirar? El perdón y la misericordia es algo difícil de manejar, ajeno a una humanidad donde el corazón está atado por el ojo por ojo. Si tan solo estas muestras de compasión lograran apaciguar nuestras actitudes tan proclives a creer que cualquier esfuerzo en este sentido no es más que un acto de debilidad, mucho podríamos avanzar para que la compasión se convierta en un arma para la paz.

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