sábado 20 de febrero de 2010 - 10:00 AM

No hagas al prójimo…

Cuantás cosas se nos facilitarían en esta vida si cumpliéramos aquello de 'no hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan'. Dada la radicalización y polarización que estamos viviendo, parece que cada vez nos movemos más de esta máxima y nos acercamos a aquella otra del 'ojo por  ojo, diente por diente.'

Incluso los gestos de acercamiento pueden ser utilizados en  contra, como lo prueba la renuencia del gobierno venezolano de aceptar la oferta del Min-Minas colombiano de venderles energía eléctrica que tanto necesitan, toda vez que consideran que el gesto puede ser usado para fines políticos. Ni qué decir del drama de los secuestrados en el que bajo el paraguas de las reglas del protocolo y las garantías, se suscita más bien un pulso de mutuas recriminaciones de hacer política no a favor del prójimo, sino a costa de él. La tapa de la semana fue la cuña televisiva  del candidato Arias suspendida por ofensiva por el Consejo Nacional Electoral. En ella se toman las palabras más altisonantes (léase las  mas  insultantes y ofensivas) de  los  detractores de Arias (Piedad, Petro, Robledo) matizadas con las 'siempre pausadas' declaraciones que usualmente emite el presidente Chávez contra nuestro mandatario y se anteponen a sendas fotos del Mono Joyoy y Cano.  Al final sale el candidato de marras con impoluta camisa blanca y fondo azul  cielo, dando a entender que los citados detractores le hacen el  juego al par de líderes de las Farc e invitando a votar por él, que será el candidato de la mano fuerte.

De un plumazo Arias devolvió con creces  lo que – en su opinión-  sus detractores le vienen montando desde los aciagos días del Agro Ingreso Seguro e hizo al prójimo no lo que se debía, sino lo que – a su juicio- se merecían. Cayó en la tentación del  ojo por ojo. Así estemos o no de acuerdo con la oposición o si nos desagrada el 'estilo', lo mejor para las democracias es tenerlas en la legalidad de unas reglas de juego.  Imperfectas, puede ser, pero susceptibles de mejora. ¿Cómo regresar a la civilidad de 'no hagas al prójimo lo que no quieres que te hagan'? Por lo menos empezando por cambiar las  armas de la confrontación y no responder insulto con insulto, de lo contrario, terminaremos escogiendo al que más duro grite; ¿será que nos lo merecemos?

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