sábado 13 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Nobleza obliga

Recuerdo la primera vez que monté en el sistema de transporte masivo- Transmilenio- de Bogotá. La ocasión ameritaba paseo al centro de la ciudad en compañía de la familia y por lo tanto nos dispusimos invertir el día en aquello que tantos dolores de cabeza le había traído a los bogotanos en materia de trancones y polémicas, pero que a la fecha estaba recogiendo sus frutos en cuanto a la mejora de la movilidad y, en últimas, calidad de vida para el ciudadano.

Como buenos primíparos pasamos el susto y el oso de sortear la entrada a la estación y escoger la dirección correcta. Nos acomodamos sorprendidos de la rapidez y tamaño de los buses y de la limpieza y funcionalidad de las estaciones. En una parada se subió un nuevo cliente- lo reconocí porque tuvo los mismos despistes míos- algo me llamó la atención y lo seguí con la mirada. Era la expresión de su rostro lo que me inquietaba. En él se reflejaba una profunda satisfacción y orgullo de 'su' Trasmilenio. Si a alguien le hubiera podido hablar le hubiera dicho 'bienvenido, esto es en parte mío y lo hizo mi ciudad.' Pensé en los gobernantes que Bogotá ha elegido y cómo en este caso la obra y la satisfacción del ciudadano eran un reflejo de la nobleza del servicio público.

Nobleza obliga y aunque en materia de política y elecciones podríamos afirmar que el término no cabe- e infortunadamente abundan los tristes ejemplos- no podemos sustraernos a que por su misma naturaleza el solo hecho de ser elegido para representar propósitos superiores entraña de por sí cierta trascendencia. Aunque nosotros los humanos podamos hacer de algo noble vil no es esta excusa para restarle quilates a las implicaciones que tiene el ser servidor público elegido por voto popular.

Pero lo más interesante es que la nobleza del cargo debe ser un espejo del que lo elije y por tanto nosotros debemos ser garantes de que la condición no se pierda ya que a todos - abstencionistas y sufragantes-o nos cubrirá el ropaje justo y transparente del noble o los sucios harapos del que siendo noble decidió hacerlo vil. El domingo tenemos la oportunidad de elegir nuevos cuerpos colegiados y si pensamos que nobleza obliga seguramente escogeremos a aquellos que nos permitan en el futuro decir 'bienvenido, esto es en parte mío'.

 

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