sábado 18 de enero de 2020 - 12:00 AM

Perturbación

valdría la pena asumir el cambio como nuestro amigo taxista. Un cambio VIP: anticiparnos y montarnos en la ola, lograr que la perturbación juegue a favor
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Columna de
Carlos Chaverra

Yo decidí ofrecer un servicio VIP. ¡Mi carro tiene aire acondicionado, es amplio y pongo la música de su elección! ¡Además, míreme la pinta aquí de corbata y todo! También manejamos aplicaciones de forma tal que lo podemos recoger al instante”. De esa manera me contestó el conductor del taxi amarillo cuando le indague su opinión sobre la competencia que les llegaba de Uber y otras plataformas. Me llamó la atención que poco de nuestra charla se refirió a la larga enumeración de los factores de competencia desleal que esgrimen los de amarillo. Mi conductor daba por hecho que el cambio era inminente y aunque era válido luchar por condiciones más equitativas, lo cierto es que el cambio en el negocio había llegado para quedarse. “Tarde o temprano todos deberemos ajustarnos”.

El cambio se volvió una constante. Allí confluyen tres factores de aceleración, nos dice el escritor Thomas Friedman (Thank you for Being Late: An optimist guide to thriving in the Age of Accelerations, 2016). En primer lugar, el mercado, con los flujos globales de comercio, crédito, redes sociales que hacen del mundo no solo que sea interconectado sino interdependiente. En segundo lugar: la madre naturaleza es decir el cambio climático. Ya tuvimos un año más de récords de altas temperaturas y los recientes incendios de Australia se constituyen en un nuevo campanazo de alerta. Y, finalmente, el impacto exponencial que trae la tecnología en los modelos de negocios tal como lo ejemplifica nuestra reciente polémica en Colombia alrededor de Uber.

El Diccionario de la Real Academia define perturbación como “inmutar, trastornar el orden y concierto, o la quietud y el sosiego de algo o de alguien”. Los factores de aceleración hacen que esta perturbación sea aún más dramática y sucede más rápido que la capacidad de adaptación de nosotros mismos, nuestro liderazgo, instituciones, sociedades y nuestras decisiones éticas. Es una realidad que se traduce en muchas esferas de nuestra vida.

Ante todas estas perturbaciones me pongo a pensar que valdría la pena asumir el cambio como nuestro amigo taxista. Un cambio VIP: anticiparnos y montarnos en la ola, lograr que la perturbación juegue a favor y convertirnos en parte de la solución. Así le haremos el quite a la parálisis que trae la obsolescencia.

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