sábado 23 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Que no nos deje el bus

Si llegas rápido a la “normalidad” sin que te hayas tomado un momento en reflexionar sobre como todo esto que pasó lo puedes convertir para bien pues te dejó el bus.
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Columna de
Carlos Chaverra

Ojalá volvamos rápido a la normalidad” le dije a un buen amigo. “Que no lo deje el bus me contestó”. Cuando vio mi cara de perplejidad me dijo: “cuídate de no malgastar esta crisis. Si llegas rápido a la “normalidad” sin que te hayas tomado un momento en reflexionar sobre como todo esto que pasó lo puedes convertir para bien pues te dejó el bus. Entre otras, un bus que tiene muchos puestos: ¡el puesto del crecimiento, de la madurez, del fortalecimiento del carácter, de la auto-reflexión, del cambio, de la creatividad, de la generosidad, de la fe y hasta del perdón!”.

La verdad me pareció que mi amigo exageraba. Además, me remató la reflexión citándome a un filósofo profesor de la Universidad de Oxford, C.S. Lewis famoso por ser el autor de la Crónicas de Narnia. “Lewis”, dice mi amigo, “afirmaba que en las crisis uno se hace todo tipo de promesas de cambio ya que las dificultades permiten revelar las verdades motivaciones de nuestro corazón y aquellas que resultan oscuras o mezquinas vamos a hacernos propósitos de enmienda y en lo profundo nos juramos que no volveremos a caer. Sin embargo, cuando termina de presión volvemos “a la normalidad” y el propósito de enmienda se olvida atrapado en la cotidianidad y los afanes que estamos acostumbrados a manejar y controlar.”

Me puse a pensar en mi primera reacción a este diálogo, un poco a la defensiva y calificándolo de exagerado, y me di cuenta que valía la pena no descartarlo ya que por lo general las cosas que uno resiste casi siempre tienen su granito de sabiduría. Y la verdad no quisiera que me dejara el bus y que este se fuera con todas esas sillas vacías y que después de esta crisis me quedara andando a pie con los mismos recursos y visión de vida de antes. Me imaginé que si lograba acomodarme bien podría poner un nuevo lustre a viejos propósitos o descartar aquellos que ahora veo están centrados en el orgullo o el afán de poder. Me imaginé los destinos a los que me podría llevar sin los lastres del temor o la vanidad. ¡Que no nos deje el bus, hay muchos puestos por ocupar!

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