sábado 24 de enero de 2009 - 10:00 AM

Retórica o substancia

Durante la campaña electoral, los republicanos tenían como caballito de batalla que el candidato demócrata Obama era pura retórica y poca sustancia.

De manera peyorativa lo calificaron de 'celebridad' a la manera de Paris Hilton o Britney Spears. Para ellos no había otra forma de explicar las grandes multitudes que convocaba Obama, que incluso llegó en su momento a trascender las fronteras americanas ya que cerca de 100.000 personas asistieron a un discurso a campo abierto en Berlín. Cuando más de 80.000 fieles llegaron al estadio de Denver, lugar escogido por la campaña demócrata para aceptar la nominación, los republicanos criticaron las columnas romanas del escenario como faraónicas y ejemplo vivo de la falta de sustancia del candidato.

Hoy Obama es Presidente, elegido por abrumadora mayoría. Los republicanos no pudieron encontrar en sus propias propuestas de campaña sustancia suficiente para vencerlo y, celebridad o no, convocó a cerca de 2 millones de ciudadanos que resistieron gélidas temperaturas para escuchar su discurso de posesión.

'En cuanto a nuestra defensa común rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, elaboraron una carta que garantizase el imperio de la ley y los derechos humanos…esos ideales siguen iluminando el mundo y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia.' Como respuesta concreta a estas elocuentes palabras de su discurso de posesión, Obama firmó en su primer día de trabajo un decreto ejecutivo dando un plazo de un año para cerrar Guantánamo y otras prisiones 'especiales' creadas en el gobierno Bush.

'Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no solo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones verdaderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención'. ¿Podremos darnos el tiempo de comprobar si esta retórica se convierte en substancia? ¿Seremos capaces de vivir libres del yugo del terror y bajo la armonía de la ley y la convivencia renunciando a las posiciones de fuerza y poder? No sé, pero bien vale la pena el esfuerzo.


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