sábado 17 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Siembra y cosecha

Durante un buen tiempo pensé que la ley de la siembra y la cosecha era un invento de nuestros padres advirtiéndonos sobre las consecuencias de nuestros actos para mantenernos a raya en aquellos días traviesos de nuestra adolescencia. En mi época universitaria esta ley  adquirió un matiz ligeramente revolucionario, ya que se nos decía que el capitalismo tenía en sí mismo las semillas de su autodestrucción, con lo cual no podría haber cosecha distinta a su propio marchitamiento, lo que inexorablemente nos llevaría a una sociedad justa en donde los medios de producción fueran de todos.

Enfrentado  al mercado laboral, tenía la esperanza de que esta ley fuera realmente cierta y que la siembra de  largas jornadas de estudio universitario trajera como fruto un empleo no solo bien remunerado, sino con posibilidades de seguir abonando el terreno para nuevas posibilidades. En los primeros años de matrimonio se olvida esta ley, ya que bajo el fervor romántico cree uno que todo ya ha sido conquistado. Ya más maduro encontré que la ley era también un asunto de fe. En el relato bíblico del libro de Gálatas se nos dice 'No se engañen, de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra'.

Es difícil probar esta ley en nuestra Colombia de hoy. Hay quienes afirman que el 70% de la población no ha cosechado sino indolencia, ignorancia, desidia y endurecimiento de corazón por creer en el programa de Uribe. En esta visión polarizada, la seguridad democrática se reduce al capricho de la burguesía de querer regresar a sus fincas sin existir antecedente alguno sobre la situación de postración a lo que nos tenían sometidos los grupos ilegales de izquierda y de derecha.  Del otro lado de la orilla cuando un cronista español nos invita a mirarnos al espejo, un porcentaje importante también se rasga las vestiduras como si lo dicho fuera  algo nuevo y no fuera desafortunadamente un relato diario de nuestro vivir. ¿Cómo abonar en un terreno tan dispar?

La ley de la siembra y la cosecha tiene un corolario: si nosotros no cosechamos lo que sembramos en carne  propia, nuestros hijos o las generaciones venideras lo harán. Esta semana  vimos al hijo de Rodrigo Lara y de Pablo Escobar estrecharse en un abrazo de conciliación. ¿Podrá ser éste un símbolo que represente una semilla de esperanza? Si así es, mejores cosechas estarán por venir.

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