sábado 06 de julio de 2019 - 12:00 AM

Tras bambalinas

mi razón principal era la angustia de seguir viviendo en un mundo de extremas, en donde las posiciones de “centro” se ven como una concesión al enemigo o debilidad
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Columna de
Carlos Chaverra

No alcanzo”, le dije a mi buen amigo, quien me invitaba a acompañarlo a una reunión que iba a tener con candidatos a la Gobernación y a la Alcaldía. Además dicha reunión tendría el atractivo para mí de poder también oír las opiniones de Sergio Fajardo, de quien siempre he admirado sus reflexivas posiciones. Posiciones que para mí tienen el atractivo adicional de que lo que dice lo ha respaldado con una excelente gestión reconocida por muchos en sus pasos por la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia.

“Buena respuesta”, me contestó mi amigo al escuchar mi “no alcanzo”. “Pero respeto mucho a Fajardo” le dije, como justificando mi incapacidad de asistir. Me quedé echándole cabeza al porqué de mi negativa, sabiendo que el compromiso previamente agendado que genero el “no alcanzo” era fácilmente cancelable. ¿Apatía? Pensé. No, uno no se puede dar el lujo de ser apático a lo político, especialmente en esta coyuntura en que estamos, tratando de llevar el acuerdo de paz a un puerto seguro. ¿Confusión? Podría ser, ya que no entendía bien si la presencia de Fajardo era un endoso personal o de su movimiento a unos buenos candidatos a los cuales sus afectos de partido y líneas ideológicas o habían cambiado según la coyuntura o simplemente habían sucumbido a la confusión de la polarización que vivimos.

“Esta no es la razón”, pensé. La ideología de partido ha sido echada a la borda hace mucho tiempo y hoy nos encontramos con que hasta la recolección de firmas se ha desprestigiado.

Finalmente concluí que quizás mi razón principal era la angustia de seguir viviendo en un mundo de extremas, en donde las posiciones de “centro” -de por sí ya difíciles de definir- se ven o como una concesión al enemigo o como una posición de debilidad, donde el manso se ve como menso y el mesurado como pusilánime. Donde el bien común está dejando de ser una aspiración superior y la institucionalidad dejó de ser algo que debemos proteger para impedir que se vuelvan feudos de interés particular. Finalmente me animé a ir y me alegré de hacerlo, porque entendí que la esperanza no la podemos perder y no debemos desfallecer en rescatar la nobleza de la política.

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