sábado 16 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Trashumancia

Recuerdo hace muchos años haber leído una autobiografía de Margaret Thatcher, la famosa Dama de Hierro británica.

La ex-primera ministra inglesa dedicaba capítulos enteros a describir las convenciones anuales de su partido -el conservador- en donde se fijaban las plataformas ideológicas y políticas sobre las cuales se definían las directrices que gobernarían los actos de su partido, ya fuera que estuvieran en la oposición o actuando como primera ministra de los ingleses, como tuvo la oportunidad de ejercer en el período 1979-1990. En su momento no entendía muy bien el excesivo detalle y el cuidado que se ponía en cada una de estas convenciones, en las que cada articulado era sometido a un debate ideológico y comparativo frente a opciones que ofreciera el partido Laborista. Era vital que el elector supiera diferenciar lo que representaba el partido y que pudiera elegir en consecuencia.

Al describir en su libro el trabajo parlamentario, comprendí el por qué de tanto esmero en la redacción de su plataforma. Era allí donde se presentaban las iniciativas que, fiel a la letra, representaban lo expresado en las convenciones. Además, en una disciplina rigurosa se conformaban bloques monolíticos (o conservador o laborista) cuando se presentaban las iniciativas al Parlamento. Es más, existía un senador de cada partido bautizado con el nombre de 'Chief Whip' (Látigo en Jefe) que mantenía la disciplina de su bancada.

Trashumancia, término para mi desconocido, fue la palabra que encabezaba un comentario acerca de la reforma política que actualmente se debate en nuestro congreso. Averiguando descubrí que se refiere a la posibilidad de cambiarse de partido -sin la penalidad de perder el aval y la curul- y que en el proyecto de ley se contempla en un parágrafo transitorio la posibilidad de hacerlo dentro de un plazo definido. Esto para permitir escoger -ahora sí en serio- dónde quedar una vez pase la reforma.

Me pregunto, ¿cuándo realmente hemos dejado de practicar la trashumancia, si ya muchos de nuestros congresistas han transitado por varias militancias? No sé si el sistema parlamentario inglés es el mejor, pero lo que no se puede negar es que estamos bastante lejos de que la plataforma de partido se construya y respete, con el celo descrito por Thatcher, de tal manera que sus senadores sepan qué representan y hagan de la trashumancia algo obsoleto y sobre todo, penalizado por el voto del elector.

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