sábado 23 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

¿Y ahora?

mejor los cacerolazos que el terror que quieren imponernos una minoría de violentos. Ahora toca ver cómo volteamos la cacerola...
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Columna de
Carlos Chaverra

Un profesor me decía que un líder transformador en primer lugar no asumía posiciones de juez o de víctima más bien su campo de acción estaba en el campo de las propuestas, iniciativas de acción y solución creativa de problemas. Además, su disposición debía ser aquella de la de un buen mayordomo, más propenso a servir y a rendir cuentas que a figurar y a llevarse los méritos. Me decía que el poder es distinto a la autoridad, el primero es otorgado, pero la autoridad se gana con ejemplo y sabiduría.

Pero una característica del líder que me quedó rondando fue la de la responsabilidad. El profe afirmaba que estamos acostumbrados a entablar nuestras relaciones con base en nuestros derechos y muchas veces nuestras acciones derivan en hacer valer nuestros derechos y que prime nuestra razón sobre otros. Bastante peligroso en un mundo polarizado en donde el diálogo se identifica con debilidad y el consenso como una entrega al enemigo. “Pero si lo que nos ocupa es estar buscando caminos para ejercer nuestra responsabilidad, podríamos cambiar quejas por acción, señalamientos por propuestas y así rendir cuentas- esencia de la responsabilidad- no se volvería un juicio sumario sino oportunidades de mejora y nuevas ideas.”

Con la marcha del jueves todos, sin duda, reclamamos nuestros derechos, ahora llega un momento de pensar cómo contribuir en el campo de nuestra responsabilidad. “El lío es qué hacer cuando al frente hay reclamos que van desde críticas a la minería en Bucaramanga, hasta contra la resolución que regula la pesca de tiburones en Medellín o contra la economía naranja, pasando por la protección a los líderes sociales, el cumplimiento de los acuerdos con la Farc y los campesinos, los derechos de los habitantes de calle y un país “en el que quepamos todos” (lo que parece ser una demanda amplia de mayor equidad, que otros también señalan)” nos dice el portal al Silla Vacía. Sin duda mejor los cacerolazos que el terror que quieren imponernos una minoría de violentos. Ahora toca ver cómo volteamos la cacerola y pensamos cómo preparar manjares que contribuyan a nutrirnos mejor y sobre todo a que otros se puedan sentar a la mesa. ¿Difícil? Claro que sí todo lo noble y duradero lo es.

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