domingo 29 de enero de 2023 - 12:00 AM

Carlos de Hart

Orgulloso de ser empresario

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Columna de
Carlos de Hart

Es doloroso evidenciar la manera en que se ha venido satanizando al empresario. Muchos lo señalan de ser explotador, depredador del medio ambiente y un paria de la sociedad.

Consideran que el hecho de que la empresa y sus dueños quieran lucrarse, los hace desalmados e inconscientes, y los lleva a odiar al empresario y exigir cada vez más de ellos, muchas veces pretendiendo cargarles responsabilidades que no le corresponden.

Desconocen que el sector empresarial es un pilar fundamental de la sociedad sin el cual ésta no es viable.

Escapa a su entendimiento que existe un falso dilema entre el ánimo de lucro de una empresa y todas las demás causas nobles y primordiales para mejorar en términos generales nuestra sociedad y el medio ambiente.

No nos equivoquemos: el principal propósito de una empresa es y debe ser el de generar utilidades para si misma y para a sus dueños. Entre otras cosas, porque nadie monta un negocio para perder su inversión o no ganar dinero. Pero además porque el indicador más importante del concepto de la ‘sostenibilidad’ es el económico, ya que sin él la empresa no puede pagar impuestos, sostener los empleos que genera o impactar positivamente a la sociedad.

Pero ese propósito no tiene por qué estar en conflicto con otras metas como las de generar empleo digno y promover causas sociales y ambientales. De hecho, estas metas pueden ser de mutuo beneficio e incluso esenciales para el éxito del negocio a largo plazo.

Por ejemplo, sin empleados conformes y satisfechos la empresa no podría producir o vender sus productos o servicios, y mucho menos pensar en crecer.

También, el ocuparse de causas sociales y ambientales por fuera del ámbito del negocio, puede hacer que los consumidores, cada vez más conscientes, sean más propensos a apoyar a las empresas alineadas con sus valores. Además, en el propósito de impactar positivamente el medio ambiente, se pueden reducir costos y mejorar eficiencias.

Como ciudadano que considera que es posible alinear los intereses entre la empresa, la sociedad y el medio ambiente, sin necesidad de sacrificar ninguno de ellos ni pretender que abandonen su esencia o el objeto para el cual existen, DEBO DECIR QUE ME SIENTO ORGULLOSO DE SER EMPRESARIO.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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