Publicado por: Christiane Lelievre
Las mujeres mencionadas en mi anterior columna, “Colombianas que cambian el mundo”, no lo hacen solo porque “supieron reconocer situaciones de discriminación, violencias, exclusión, falta de oportunidades y pasividad que afectan masivamente a mujeres de toda Colombia….” sino porque, “además de reconocer estas situaciones, intentan actuar para cambiarlas...”
Esto último, las acciones, no quedó claro por asuntos de edición. De hecho, los cambios no se generan solo mirando desde las barreras, hay que entrar al ruedo, prepararse, opinar, marchar, hacer, comprometerse y dejar huellas. Dejar las costumbres, la indiferencia y la pasividad; también los miedos y prejuicios.
Cambiar el mundo es una manera de decir; no se trata del universo, pero sí del mundo de algunas personas. Y para estas personas es tan importante como lo es para cada una de las estrellas de mar que el niño de la fábula devolvía al mar, sin pretender salvarlas a todas.
Poner un granito de arena para mejorar las vidas de algunas personas a su alrededor, es una forma de contribuir a cambiar el mundo. Así va la Fundación Mujer y Futuro desde hace casi 25 años.
No es una organización de pantalla grande, con acciones multitudinarias y perfil ruidoso; “se orienta hacia la construcción de nuevas identidades femeninas y masculinas desde una perspectiva de género, para favorecer relaciones equitativas… y fomentar la participación y el empoderamiento de las mujeres.
” Su prioridad son los derechos de las mujeres; no en forma abstracta sino con acciones concretas que cambian el mundo a muchas estrellitas de mar femeninas y sus familias.
En sus 25 años, la Fundación ha buscado constituir un grupo de aportantes de recursos - tipo padrinazgo- para apoyar a un grupo identificado de madres adolescentes para que su maternidad temprana no se convierta en una pesada fatalidad y que reciban “orientación para construir un proyecto de vida productivo y satisfactorio.”









