jueves 18 de marzo de 2010 - 10:00 AM

'Camarón que se duerme…

…. se lo lleva la corriente'. Expresión que puede aplicarse a las conquistas feministas, por nada inmutables. Al contrario, pareciera que siempre y en forma reiterada hay que volver a convencer y reconquistar los derechos ganados a fin de no dejarlos perder. Se dirá que la condición de las mujeres ha progresado 'bastante' (o sea ¿mucho o suficiente?) a partir de las conquistas feministas del siglo pasado:

Las mujeres han conquistado el derecho al trabajo, con salarios equivalentes al 70% de los sueldos de los hombres. Además, frente a la crisis de la familia, sumada a la crisis económica, muchos discursos atribuyen al trabajo de las mujeres el desbarajuste familiar y el desempleo masculino, por lo que aconsejan fuertemente el regreso a los fogones de las depositarias de la cohesión familiar. Es olvidar que la 'revolución femenina' en este campo no tiene vuelta atrás. Después de ver su horizonte más allá de la cocina, los teteros y pañales, las mujeres saben que pueden hacer y ser más y tener autonomía. Esa autonomía femenina tan temida por el hombre dominante que siente que, si gana dinero, su mujer puede dejarlo. Las mujeres han conquistado el derecho a decidir cuántas veces y cuándo quedar embarazadas. Los métodos anticonceptivos están supuestamente al alcance de todas. Pero funcionarios abusivos piden a una mujer de 24 años 'sin marido' la autorización de sus padres para practicarle la ligadura de trompas. Ni hablar de las jóvenes de 18 o 20 años, con tres o más hijos a las que no se les practica el procedimiento porque su progenitura es toda del mismo sexo o porque el compañero debe dar la autorización. No es la regla pero ocurre.

Las mujeres han conquistado el derecho a la participación política; votan y pueden ser elegidas; hasta 'por ley' deberían tener el 30% de los cargos públicos de decisión. Pero en este nuevo (no renovado) Senado, las mujeres no pasarán del 16% y la Ley de Cuota no se respeta.

¿Estas conquistas desfiguradas y otras, serán razones suficientes para que las hijas o nietas de feministas no lo sean? ¿Será que a las nuevas generaciones no les quedan motivos de reivindicaciones en defensa de los derechos de las mujeres?

Si bien la situación de las mujeres en el país ha evolucionado en forma positiva, parece siempre a punto de retroceder o estancarse bajo cualquier pretexto. La contra corriente es demasiado fuerte para que el camarón se duerma.

 

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