jueves 02 de enero de 2020 - 12:00 AM

Colombiano relajado fuera del país

Es cierto que hay peores males y daños y, si durante este año 2020 no les pasa nada peor a Ustedes, lectores y lectoras, entonces mis votos de felicidad y tranquilidad se habrán complido.
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El tema de esta primera columna del año es atemporal y sobre desventuras que afectan a cualquiera, y más a turistas desprevenidos. Como colombianos o residentes de larga data que creen que solo en Colombia están expuestos a robos, y se descuidan “afuera”.

Un residente desde hace más de veinte años en Colombia, de vuelta a Francia por unas semanas, acaba de llegar. En la estación de ferrocarril, por un momento descuida su equipaje, y ya le falta un bolso. Estudiante becario, espera su primer metro, unos muchachos le hablan, lo acosan, lo emboban... y le bajan el maletín que cargaba adelante para evitar saqueo desde su espalda.

Colombiano que se respeta anda con efectivo, evitando el uso de tarjeta que es de los más costosos del planeta. “Al papá de mi amiga le robaron 1.000 euros... no quiso dejarlos en el hotel por miedo a que se lo sacaran de la caja de seguridad.” En el metro de París, este se sintió apretujado al momento de pasar el torniquete, así se cuela la gente... y así se roban billeteras.

La señora lleva más de 40 años en Colombia, “se sabe cuidar” y nunca aceptaría ayuda de nadie en la calle, pero está de regreso a su tierra francesa donde la gente es tan amable: saluda, sostiene la puerta, respeta las cebras, etc. Así que, en una oficina de correo de un suburbio parisino, le parece normal que le ayuden a manejar el autómata para mandar encomienda sin pasar por empleados. Tan amable el señor, tan confiada la señora. Tan rabiosa luego, cuando se da cuenta que ya no tiene su celular en el bolsillo.

Es cierto que hay peores males y daños y, si durante este año 2020 no les pasa nada peor a Ustedes, lectores y lectoras, entonces mis votos de felicidad y tranquilidad se habrán complido. El espacio no alcanza para expresar mis deseos para Colombia que, más que votos y sueños, requiere compromiso y acciones.

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