jueves 29 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Cuando pecar no es delito

De los 10 'mandamientos de la Ley de Dios de la Santa Iglesia Católica', sólo tres son también delitos a los ojos de las leyes humanas: matar, robar y decir falsos testimonios o mentir. (Aunque para los dos últimos depende de quién lo haga… si se es ministro o Presidente, puede que no sea ni pecado ni delito.)

Que otros comportamientos sean indebidos depende de las normas de cada iglesia: amar a un dios u a otro, blasfemar, descansar los sábados o domingos o 'trabajar, trabajar y trabajar' toda la semana según mandato presidencial, portarse bien o no con papá y mamá, ejercer su sexualidad así o asá, ser gay o lesbiana, pensar lo indebido (sin hacerlo), gustar del vecino o de la vecina o codiciar sus cosas, no tiene que ver con justicia terrenal. Colombia no un Estado teocrático - según el DRAE – 'sociedad en que la autoridad política, considerada emanada de Dios, se ejerce por sus ministros.' Aúnque no parezca, Colombia ya no es una nación constitucionalmente consagrada al Sagrado Corazón; es un Estado laico que debe respetar y garantizar la diversidad religiosa.

Por la diversidad de pensamientos y el derecho a la información objetiva, lamentamos que varios medios de comunicación hablaran de manera tendenciosa e insistente de la 'cátedra del aborto' u 'obligación de enseñar el aborto' en los colegios del país, en vez de informar sobre la necesidad reconocida de incluir el tema de los derechos sexuales y reproductivos en los colegios, en pos de una mejor salud física, sexual y mental de la población colombiana.

Nadie debe ignorar los derechos humanos y las leyes. Conocerlos es el primer paso hacia su respeto y no entendemos la resistencia fanática del señor Procurador a que se enseñen las leyes y normas colombianas en establecimientos educativos. Conociendo los derechos, obligaciones y limitaciones legales, se puede opinar y decidir en libertad. Suena a mala fe decir que 'seis colombianos obligan a 40 millones': la despenalización parcial del aborto no obliga a nadie a abortar; sólo permite a mujeres que estén en estas condiciones dramáticas e injustas, decidir según su conciencia. Representa una opción para que no se repitan el drama de la niña de Cúcuta, violada, embarazada y obligada a sufrir el mal de la maternidad impuesta a la fuerza, ni el doble atropello - laboral y médico – padecido por la valiente mujer que contó su caso al diario El Espectador.

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