jueves 16 de abril de 2009 - 10:00 AM

La 'chaza'

Tiene cuarenta y cinco años y tres hijos varones, uno enfermo. Ha sufrido todo lo que pueden sufrir las mujeres y desarrollado la fortaleza que caracteriza a muchas de ellas.

Debería recibir un premio especial del DANE por su aporte al disfraz de las cifras oficiales de desempleo. Es posible que en las próximas encuestas o censos, a las preguntas sobre su empleo, trabajo o estrategias para sobrevivir sin ser congresista, sin delinquir ni prostituirse, ella conteste orgullosamente que es comerciante o trabajadora independiente. En realidad, lo que hace es luchar con las uñas contra la pobreza, el hambre y los recibos de los servicios públicos. Lo que tiene para ayudarla a sobrevivir con su familia son las deudas adquiridas al comprar y surtir la 'chaza' en la que puso todas sus esperanzas y sus reducidos ahorros.

Este 'negocio' es su orgullo y le ve futuro. Además, siente que ofrece un servicio a la comunidad: el obrero cansado se reanima con una colombina o un chicle; comprando un caramelo, una mamá calma el llanto imperativo del hijo mal criado y los escolares surten su lonchera con 'algo de paquete'.
La 'chaza' está ubicada de manera estratégica en el camino de colegiales, trabajadoras, obreros, los que regresan a casa y los que van a coger bus; se cambia de andén al ritmo del paso de las horas, para estar siempre a la sombra.

Hablando de negocio y ganancias, la dueña revela que 'cuando mucho se hace de a seis mil diario' y con las deudas y 'lo del plante', a veces 'ni queda lo del día'. De pronto ni hay ganancias. Ella vive al día, sentada al lado de su 'chaza', con sueños de ampliación ('de pronto con venta de minutos'), beneficios e inversiones, cruzados por angustias de cuotas y bancarrota. Ella no sabe leer pero sabe contar, no ha estudiado pero sabe de plante y reposición; recuerda cómo fracasó su primer negocio porque hubo días que no alcanzó ni siquiera a hacer lo del plante y 'como los huevos, no los fían…'.

Son muchas las familias que dependen así de un 'negocio' precario, montado con poca plata reunida con mucho esfuerzo y ruegos, para luego buscar el sitio adecuado – disponible y donde los dejen - y sentir que ya tienen trabajo aún si solamente es un rebusque que contribuye a bajar las cifras oficiales de desempleo y reforzar las mentiras estatales. 

 

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