jueves 25 de marzo de 2021 - 12:00 AM

La responsabilidad histórica de los adultos

La responsabilidad de los adultos con los/as niños/as, propios y ajenos, es indiscutible. No es solo parir u obligar a parir. Es cuestión de amor, apoyo, dignidad y educación; del derecho a no ser transformado en máquina de guerra.
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Al finalizar la segunda guerra mundial, se impulsaron en Francia grandes cambios en la atención a jóvenes delincuentes, pasando de lo punitivo a lo reeducativo. De 1945 en adelante y por un periodo de más de 20 años, hubo cambios profundos en la manera de castigar/considerar a la niñez y juventud delincuente.

En un contexto de posguerra, al ver la cantidad de niños/as deambulando en las calles, robando – eventualmente matando – para sobrevivir, el Estado mismo cuestionó la responsabilidad de los adultos. ¡No habían protegido una infancia arrojada a la guerra, la destrucción y la orfandad! Infancia juzgada y encerrada en centros carcelarios punitivos más que correctivos. A partir de esta reflexión y con la necesidad de una respuesta rápida y diferente (los jueces y las cárceles no daban abasto), se nombraron jueces especiales para la niñez y se abrieron establecimientos especializados; centros de observación y centros de reeducación.

La propuesta era no castigar los actos delincuenciales sin entender sus razones. Observar y escuchar al joven delincuente para entenderlo y adoptar mejores medidas para él y su vida futura. El castigo pasa a segundo plano, remplazado por comprensión y oportunidades.

Cuando un ministro condena de una a niños “transformados en máquinas de guerra”, debería más bien sentenciar a los adultos responsables y la sociedad que deja hacer. Cuestionar este Estado del que hace parte y que haya, en algunas regiones, una niñez condenada a ser generación perdida; sin escolaridad asegurada, sin oportunidad de trabajo con salarios justos. La responsabilidad de los adultos con los/as niños/as, propios y ajenos, es indiscutible. No es solo parir u obligar a parir. Es cuestión de amor, apoyo, dignidad y educación; del derecho a no ser transformado en máquina de guerra.

Decidir la educación de toda una nación requiere reflexión, evaluación y reajustes permanentes; ir precisando año tras año la clase de ciudadanía que se anhela formar, y asegurar que toda la niñez tenga oportunidades justas y no solo amenazas de castigos, cárcel o muerte.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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