jueves 30 de julio de 2020 - 12:00 AM

Ni hijos ni hijas para la guerra

La estrategia para bajar los índices de violencias sexuales en las filas del ejercicito deja para pensar. ¿Más mujeres en las filas garantizaría no violencia y cero abusos en las fuerzas militares?
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Cuando sigue vigente el grito de las mujeres ¡no parimos hijos e hijas para la guerra! Cuando de nuevo se llenan los hospitales militares y se lamentan muertes de soldados, “héroes” sacrificados al acuerdo de paz estropeado. Reiteramos el estribillo de Marta Gómez: ¡Para la guerra, nada! Ni hombres, ni mujeres, ni plata.

Entonces, preocupan las palabras e intenciones de la vicepresidenta de Colombia. Lo que haya dicho o no realmente la Sra Marta Lucía Ramírez, no importa tanto. Pero, sí importa que una mujer en la vicepresidencia de un país tan desigual como Colombia no tenga mayor claridad acerca de las discriminaciones y violencias de género. Recordamos que el enfoque de género y equidad no pretende nivelar hombres y mujeres al modelo de masculinidad hegemónica, con poder “innato”, admiración a su agresividad y permisividad para sus violencias. Buscar la igualdad entre hombres y mujeres no es ajustar la humanidad al modelo masculino con sello del perenne patriarcado.

Si bien, la vicepresidencia aclaró (¿?) que la Sra Marta Lucía no mencionó tal servicio militar obligatorio para las mujeres, lo cierto es que, en su carta al general Navarro, se refirió a una antigua iniciativa de ley que propuso como ministra de defensa, para “establecer un servicio militar universal”, y “la necesidad de contar con un servicio social obligatorio tanto para hombres como para mujeres...”

La estrategia para bajar los índices de violencias sexuales en las filas del ejercicito deja para pensar. ¿Más mujeres en las filas garantizaría no violencia y cero abusos en las fuerzas militares? Se han conocido denuncias de abuso sexual hacia mujeres incorporadas, adentro mismo del ejército nacional. ¿No sería más válido promover cambios culturales para que se deje de considerar las violaciones como “gaje del oficio de ser mujer” y los impulsos sexuales como imparables derechos de los hombres?

La actuación de la vicepresidenta confirma que no es suficiente tener una mujer en altos cargos para cambiar las vidas de las demás mujeres.

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